No perjudique al de al lado (+Audio)

El tema del cigarro parece manido en los medios de comunicación. Quizá las personas repelan tanta propaganda que aconseja No fumar, como los microorganismos resistentes a determinado antibiótico, pero una y otra vez hay que volver a este particular.

La mayoría de los fumadores, aunque tengan conciencia de la nocividad de su hábito en cuanto a sí mismos y los demás, No están en  condiciones de actuar en consecuencia para evitar los daños.

Recordemos que el tabaquismo, más que un hábito es una adicción y nadie se deshace fácilmente de este y todo lo pernicioso que genera a su alrededor. Necesitarían ayuda profesional para abandonarlo.

También, es cierto: hay fumadores indolentes, que No  respetan el derecho ajeno a respiraraire limpio, violan las normas éticas y sociales y los espacios libres de humo, a tal punto que hasta en teatros y otros lugares cerrados está presente su desidia.

Imaginen un pequeño espacio destinado al esparcimiento sano, donde cinco o seis de estos individuos  hagan y deshagan sin que nadie ponga freno a su actuación, mientras el ambiente se nubla y se vuelve insoportable.

Porejemplo,desde tiempos remotos, los teatros constituyen epicentros del desarrollo cultural de un país, una especie de laboratorio donde se cultiva el intelecto y las buenas maneras, resulta entonces inadmisible que permanezcan en ellos estas actitudes antisociales.

A esas personas No les basta ya el parque o el patio de la casa para saciar su necesidad. Fuman, además, en ómnibus, cafeterías, hospitales… y otros lugares.

Pregunto: ¿Quién se encarga de sancionar su imprudencia? Porque se trata de reglamentos y orientaciones expresas incumplidas.

Quizás sea viable y educativo implementar un sistema de multas a quienes  quebranten estos principios básicos de educación formal, pues de alguna manera habría que aleccionarlos.

Velar por la salud de otros, ya que no seocupande la propia, debe ser voluntad y hecho palpables.

No se trata de abandonar a los fumadores a su suerte, pero al que insista en dañar su integridad,  eso sí, que no perjudique al de al lado, porque a fin de cuentas: ¿quién les pidió su humo?