SonrÃe y se iluminan sus pupilas. Transmite tanta confianza y calidez con su mirada que arranca también una sonrisa de mis labios. Melissa es feliz al igual que Adrián, el pequeño que recibió el implante cloquear o LucÃa quien disfruta de la vida después de una operación quirúrgica que le devolvió la esperanza.
Asà es la infancia en Cuba, feliz. Feliz porque el estado sabe que ellos son la esperanza del mundo y para ellos trabaja. Felices porque el Primero de enero de 1959 la Revolución colocó una lápida sobre el trabajo infantil, el hambre y el analfabetismo y les regaló escuelas donde edificar y hoy la desnutrición infantil, el maltrato, la falta de recursos para el sistema educacional no existen más.
Hoy DÃa Mundial de la Infancia, millones de pequeños amanecieron en el mundo con un futuro incierto, con una vida que transcurre sin hogar, sin escuelas, con el temor de ser vÃctima de la trata de órganos, el trabajo esclavo, la prostitución o de una bala perdida que le arrebate para siempre su vida. Pero en Cuba esas historias no existen.
Aquà el estado sabe que como tesoro valioso su protección es prioridad y entonces ellos, los más pequeños de casa, viven esa etapa con total plenitud, ajenos a la violencia, las drogas y confiados de que podrán construir un futuro digno porque para la Revolución ellos son el tesoro más valioso, la imagen más perfecta de la inocencia, el amor más sublime que alimenta espÃritus y transforma corazones antes dominados por el odio.
Ellos son nuestros pequeños, los pequeños pilares de esta obra grande que es la Revolución y para los que trabajamos porque ellos son realmente ...los que saben querer.