
La tierra llora. Cada especie en peligro de extinción, cada árbol cercenado, rÃo o mar contaminado es una herida que poco a poco lleva a la muerte a esta majestuosa obra de la naturaleza.
Nosotros, los más beneficiados con sus recursos somos también depredadores y asà glaciares, plantas, aguas, animales viven en constante agresión y aparecen cambios climáticos, efectos como el Niño, poblaciones diezmadas por la sequÃa y la hambruna.
Desequilibrios de ecosistemas, una capa de ozono que cada dÃa perece un poco más vÃctima del efecto invernadero mientras la raza humana se muestra ajena con discursos ecologistas que quedan en el vacÃo como el eco de una canción triste y las acciones verdaderas de salvación quedan relegadas ante el ansia consumista de sociedades que se empeñan en mantener estándares de vida elevados que requieren de la explotación desmedida de los recursos naturales.
Los bosques, pulmones del planeta sufren la agresión del humo que expelen las grandes industrias y cada años ceden espacio a la expansión de ciudades mientras los cientÃficos se preocupan por el deshielo de glaciares, el aumento de la desertificación y la disminución de las aguas con propiedades para el consumo humano.
El planeta exige un cambio de actitud de nosotros sus habitantes más allá de discursos y polÃticas ambientalistas que se quedan en papeles o permanecen engavetadas.
Es hora de actuar conforme a los tiempos actuales porque quizás mañana sea tarde para salvar lo que a veces consideramos insalvable sin comprender que cada dÃa un granito de arena aportado por todos pudieran construir la obra grande de rescatar los valores perdidos de la naturaleza y entonces infundiremos un poco de espÃritu renovador a este planeta que pide a gritos un poco de vida.