
Cantemos hoy, dirÃa José MartÃ, ante la tumba inolvidable, el himno de la vida. No podrÃa decir de esta manera el poeta de la rosa blanca, cuando la tumba ya es un himno, cuando el recinto de la muerte es un canto a la vida y se tele al cotidiano festejo de la obra que tiene en cada nicho una semilla. Mausoleo a los mártires, mausoleo a los muchachos de la Matilde.
Lugar de descanso para los que no descansaron. Ofrenda en tierra a aquellos que le dieron a la tierra el sentido de la soberanÃa en el abrazo de la lucha.
Cuarenta y dos años de homenaje perenne en Artemisa, su tierra. Cuarenta y dos años desprendiendo enseñanzas, movilizando sentimientos, señalando aún el camino desde el ejemplo.
Una historia narrada aún con lágrima. Los pasos de una mujer por aquel túnel que es también una madre de los jóvenes, que es también una hermana o una hija de la misma dignidad que marchó hacia Santiago. Â
El mausoleo de Fidel, el que inauguró para sus hermanos ni olvidados ni muertos. El mausoleo de Melba y de Vilma, de Almeida y de Ramiro. Del Indio NaborÃ, de Silvio y Pablo.
De tantos que dirigen sus pasos porque se saben obligados a la flor ante la gloria. El mausoleo de los hijos de Artemisa, que hubieran ido junto a ellos a arrebatar el triunfo.
No complementan el complejo monumentario los ocho túmulos con los nombres de los caÃdos a la entrada de la ciudad. Su complemento real son las fábricas, las escuelas, la universidad, los centros de salud, el pueblo todo de más de once millones que son también Fidel y hoy ponen en las manos de otros jóvenes el futuro.Â
El homenaje son sus historiadoras en el trato cercano para cada nuevo recorrido, cada acto en el que vuelve a latir Artemisa desde el recinto, cada cabeza que se dobla en gesto triste y se levanta en compromiso renovado.
Cuarenta y dos años del Mausoleo a los Mártires. Monumento Nacional. Morada para la permanencia de las ideas que germinan. Ahà está vivo. Renovado en su leyenda multiplicada en el imaginario, aun rojo, de la villa, Ya lo dijo Ramiro el dÃa que le regalaron esta joya a Artemisa.
Nos recuerda siempre que la revolución es un relevo de hombres y de generaciones y que por los ejemplos de los que se sacrificaron ayer, otros cubanos se sacrifican hoy y habrá otros que deberán sacrificarse mañana.