
Artemisa. Cuba -Artemisa es la tierra en la que muchos nacimos, es el pedazo de mundo que nos asignó la vida y asumimos como algo natural haber nacido sobre esta tierra roja o bajo el amparo de la Diosa griega.
Lo cierto es que la magia de esta región occidental de Cuba trasciende los lÃmites de la geografÃa insular, porque los artemiseños somos seres especiales, bienaventurados, tocados por la suerte de que de los barrios de esta ciudad salieron muchos de los jóvenes que encendieron el motor chiquito que ayudó a encender el motor grande de la revolución.
La espera del 26 se hace deleite. Como es tradición se inauguran obras, se cortan cintas, se inician nuevos servicios. Pero no se inaugura la alegrÃa. Esa ya forma parte de los hijos de San Marcos porque estamos en 26.
No podrÃa ser de otra manera su tenemos un barrio como la Matilde custodio de la historia, un pequeño bosque de cedros que semeja a Birán, una alegrÃa  que se desborda por el sueño hecho realidad con manos reconocidas en la vecindad de nuestro diario. Artemisa espera el 26 con carnavales, los mismos que en julio de hace años disfrazaron a los jóvenes de enemigos para burlar al dictador, hoy ponen sobre los artemiseños la tradición, el respeto a lo diverso, los personajes salidos de la pluma martiana.
Por esta fecha es más sabroso el batido en La Aurora, se asienta a las raÃces como árbol ya vetusto el cimiento de Angerona, son más hermosas las orquÃdeas de Soroa, Martà riega su verde en el bosque el Ariguanabo, atiza el poeta su pupila insomne y a través de su ojo adelantado al tiempo podemos ver la grandeza de aquello que hemos hecho en nombre de la dignidad plena del hombre a la que hacemos culto. Â
Artemisa espera el dÃa señalado con fanfarreas y también con trabajo. Con un Mariel que se erige en emporio del desarrollo y un batir de palmas en Candelaria. El latir de los pechos se funde al paso de las criollas en el bulevar, el conjunto artemiseño despereza sus cuerdas y metales para cantar a la vida. Ahora provincia, Artemisa sigue siendo tierra de gente buena que vio en el veintiséis la justicia consumada para el Padre Arocha y sus misiones, para Magdalena Peña Redonda y su entrega, para el sueño martiano de Manuel Isidro.
¿Cómo esperan los artemiseños el advenimiento de otro dÃa de la rebeldÃa nacional?: Realizados, porque si de un hombre o una mujer quisierase decir que encierran en sus entrañas todo lo digno, todo lo rebelde, todo lo revolucionario dirÃase sin dudas que ese cubano es un artemiseño y ya se habrÃa dicho suficiente.