
Corría el año 1974 y La Habana, capital de Cuba, era el escenario del primer Campeonato Mundial de Boxeo Aficionado. Sobe el encerado de la Ciudad Deportiva pelearon los mejores pugilistas del planeta. Entre ellos estuvo Teófilo Stevenson.
El moreno del central Delicias, en Las Tunas, buscaba su primer título mundial en los 91 kilogramos. Venía de coronarse en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, al vencer al norteamericano Duane Bobick, conocido por la Esperanza Blanca. Ese triunfo le hizo sacar la espina de la derrota sufrida ante él, en los Juegos Panamericanos de Cali, Colombia en 1971.
Transcurrió sin contratiempos las distintas fases del torneo y llegó a la final. Allí derrotó al estadounidense Marvin Stinson por 5 a 0 y conquistó el primer título mundial de su carrera deportiva. Luego llegarían las coronas de Belgrado 1978 y Reno 1986.
La primera medalla de oro mundial de “Pirolo” se recuerda como la mejor de todas. Fue en La Habana. Los cubanos la disfrutamos con orgullo y pasión. Lo vimos pelear con elegancia, estilo de guerrero, pegada fulminante y ganchos que causaban estupor a sus rivales. Teófilo dejó huellas. Ganó admiradores. Siempre con caballerosidad ante sus rivales.
En los 20 años en el ring, catorce como estrella indiscutida, enfrentó a muchos púgiles de calidad, pero el que le resultó el más difícil de todos, fue el soviético Igor Visotski. Este lo derrotó en dos ocasiones, sin que tuviera oportunidad de conseguir el desquite. No importa “Pirolo”. Así es el deporte. Usted fue grande entre los grandes y hoy le recuerdo por la primera medalla de oro mundial.