
Almeida es el titán de los titanes, de marcada sencillez y modestia.   Como el hijo mayor de una familia muy humilde, supiste de los pesares en como dejar el brillo resplandeciente en los zapatos, en tus labores por los barrios de La Habana, que te vieron nacer el 17 de febrero de 1927.
Juan Almeida Bosque es en sus composiciones como él mismo, tierno, amoroso, apasionado y terrible en su cólera, y tan efÃmero y original como el sabor   criollÃsimo en Daba un Traguito Ahora Cantinerito. Inmortalizó la Lupe al formar parte de la expedición del Granma, al salir del Puerto de Tuxpan México y sus ojos le brillaban, porque era fuerte y su firmeza la sentÃan todos los que a él se le acercaban.
Era un hombre privilegiado de los que nacen para ser grandes destinos, humilde, bueno y grande, entre los grandes para tomar un trapeador y la frazada de piso y compartir con las alumnas de lo que fuese la Escuela Secundaria Básica en el campo Batalla del Jigüe, la limpieza del pasillo central.
Su composición quedó detenida en el tiempo en boleros y guarachas, en esa vida de Comandante, artista, Presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, de blandura y pureza se transformó como todo lo que él tocaba.
No sabÃa de sentimientos pequeños, ni tampoco los aceptaba, nos dio su amor con toda la pasión que era capaz de sentir cuando buscaba una flor, un juguete, una piedra del rio con sus ojos húmedos de una ternura infinita, entonces asomaba su alma de niño.
Almeida es la fuerza para destrozar las cadenas, y nos enseñó ante cada tempestad a salir más unidos, más fuertes, más seguros de nosotros mismos, como la pasión que ponÃa en sus combates, en sus luchas contra las injusticias.
Le dolÃa el sufrimiento y la miseria, No solo de su pueblo, sino de todos los pueblo, y cuando el 11 de septiembre del año 2009, dijo, si muero, sobrevÃvanme con tanta fuerza que despierte en la furia del pálido y del frio. Soy Comandante en este constante ir y venir porque mi tierra me llama a vencer o morir.    Â