
Trabajador de mensajerÃa en el almacén de vÃveres en San Antonio de los Baños, el hombre que inspira esta crónica, merece todos los elogios. Excelente padre, mejor amigo, incansable activista deportivo. En fin, un mortal que sabe lo que significa caerse y levantarse. Sabe también del sudor que corre por la frente y la fatiga muscular, después de una agotadora carrera.
Ese es Manuel Espinosa Alemán. Manolito: El alma de un club. El hombre que comenzó a trotar sobre la arcilla del estadio Julio Pérez, por prescripción facultativa. Fue tanto su amor por la carrera de maratón, que la convirtió en su mejor aliada. Su amiga en la nostalgia y la alegrÃa, el triunfo y el revés, la soledad y la multitud, el aplauso y la frustración.
Se hace llamar un aficionado que corre. Tuvo el privilegio de compartir con grandes del deporte en Cuba, como Javier Sotomayor y Alberto Juantorena, Ruperto Herrera, Ana Fidelia Quirot y MarÃa Caridad Colón. En las maratones de Cuba supo de la tristeza después del deceso de un amigo, un hermano, un hijo.
Supo del amor de quien corre por afición y por necesidad. Manolito: El alma de un club, compartió con la familia de Terry Fox, en una de sus encuentros en La Habana. Allà les expresó que Terry corre junto a él en cada zancada. No tiene nivel universitario, pero las palabras le fluyen cual manantial inagotable de cristalinas aguas.Â
Sabe cultivar amigos. Dar el consejo cuando es necesario. Estimular con la palabra si alguien decide abandonar la carrera. Sabe que no está loco, aunque muchos lo piensen asÃ.
Tal vez es un loco, sÃ, un loco bajito, que madruga para entrenar y correr las calles del Ariguanabo. Ese loco merece esta crónica. La escribo y es mi orgullo. Lo siento como mi padre. Muchas veces necesité su mano amiga y la tuve sin vacilación. Gracias, Manolito. Eres el alma de un club. El andarÃn del siglo veintiuno.