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Crónica Limón Limonero

Artemisa, Cuba - Limón limonero. Las niñas primero. Ceder la derecha. Quitarse el sombrero. El verso se aprende desde pequeños. Se graba con letras firmes en el alma de todos los hombres y puede ser de mujer que mueras de su mordida, pero no ensucies tu vida diciendo mal de mujer, nos recuerda el maestro. En las mujeres reconocemos lo sublime y también lo fiero. Nadie como ella para defender lo suyo. Nadie igual para romperse las uñas a favor de su familia. Lo que en algunos hombres puede llamarse sacrificio en las mujeres  adquiere el nombre de tarea  habitual. Ordenan la vida y reparten la dicha sin reclamar un trozo para ellas y se igualan en virtudes a sus compañeros.

Van así, madres, esposas, hermanas, compañeras, novias,  abuelas, amantes y todas con la marca de fábrica, con un alma diseñada para grandes  sucesos, con la capacidad de amar expuesta a la torpeza  y el rencor atrofiado de nacimiento.

La mujer es belleza e inteligencia. La mujer es tacto y elegancia, la mujer es protección y energía, y amparo, y  luz. Sin la mano de una mujer estaría incompleto el mundo porque ella es la traductora por excelencia de la vida y sus retos. Es la brújula que muestra el rumbo cierto.

La resistencia de una  mujer es a toda prueba y su simiente engendra  la maquinaria del milagro que perpetúa la especie. Les ponen a los niños como primera seña el apellido de sus padres porque ya de las madres tienen en sí demasiado. Lo hacen para que no nos olviden. No es necesaria esa medida con quien nos amamanta de salud y de cariño.

En el día de la mujer son muchas las razones para quitarnos el sombrero y hacer la reverencia. La mujer, esa criatura de leyendas que por nuestra incapacidad para entender el mundo y pesar los espíritus, ya se nos hizo cotidiana y deja de asombrarnos, vuelve a la medalla de los quehaceres después del agasajo. Para ella no hay descanso. No hay un minuto de ventaja a lo que queda por hacer.  Para algunos, ayuda idónea. Para otros, costilla transformada. En cualquiera de las acepciones la mujer  es una criatura de otro mundo. Un regalo que recibimos los hombres. Solo que su modestia las puso entre las víctimas porque las vimos subordinadas cuando debimos entender su vocación de servicio como una muestra de su capacidad para enseñarnos a ser mejores.

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