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Las palmas van para ti.

Las palmas van para las enfermeras

Compromiso, constancia, desvelo, dedicación y amor por la profesión caracterizan a quienes apuestan por aliviar el dolor ajeno. En el día mundial de la enfermería las palmas van para ti, enfermero o enfermera acostumbrada a presenciar desde el primer llanto cuando se llega a la vida hasta el último de los alientos.

Reverenciarte, sería poco. Apareces en la comunidad, en instituciones educativas, centros de trabajo, espacios para la atención de adultos mayores, prisiones y sitios de guerra para materializar y hacerte protagonista del derecho humano a la salud. Desde el momento mismo de tú vocación desafías el peligro y te dispones a arriesgar tu propia vida.

Cualquier dolor sucumbe ante ti, basta con ver tu sonrisa esperanzadora, tu jocosidad para minimizar un momento doloroso o sentir tus manos prodigiosas, como la califican muchos de tus pacientes porque la magia que hay en ellas hace que la tan impresionante y temida inyección sea casi imperceptible.
No importa si apareces con tu cofia y tu sencilla apariencia femenina o tu marcada corpulencia varonil.
Sin ti el médico poco podría hacer.

Eres mucho más que su mano derecha, eres el puente entre el galeno y el enfermo. Hoy desde la profesión toca hacerle frente a una pandemia jamás vista. El nuevo Coronavirus amenaza la especie humana y ahí estás. En la línea roja de combate, en el centro de aislamiento, en la atención primaria de salud dirigiendo la pesquisa o en otro rincón del mundo porque ese gesto altruista y solidario patentiza que Cuba salva.

Hoy estás lejos de tus hijos, por primera vez faltó el beso y el abrazo efusivo para tu madre en su día. Muchas noches fuera del lecho que compartes con quien te acompaña en la vida. Eres consciente que tales sacrificios tienen su recompensa en cada paciente recuperado de la letal enfermedad, en cada muestra de agradecimiento porque el dolor a desaparecido y para ti no puede haber mayor premio. Por estás y once millones de razones las palmas van ti.

"En  primera  línea".

Hildeliza Ledón

El corazón  de una enfermera  intensivistas que está  en primera  línea, es como todos los corazones.

En ella se agolpan  tantos  sentimientos, tiene  deseos  de volver  a casa, abrazar  a los suyos y decirles  cuánto  les quiere; pero el deber  le asiste en la línea  roja, infranqueable, en su lucha infatigable  contra  la pandemia  y esta enfermedad  COVID-19, que le acelera el pulso y las ansias de vivir, para en especiales cuidados  devolver  la salud  a todos aquellos  que ahora  están  a su cargo, vivir será  primero, nunca será  morir.

Aprendió  que se expande la esperanza, paso a paso  entre las cosas  y los días  y los seres, sin apartarnos, sino agregándolos  a todos  en su gran extensión  del amor.

Su pelea es fuerte, es un reto para apartar la muerte cada día. A veces se siente  cansada, entonces reacciona, voy  a luchar  por todos, con mucha fuerza,  con la aurora de cada día, semana, mes y año, porque  el amor a la profesión  es más  fuerte,  mientras la enfermedad  nos acosa, es simplemente  una ola alta sobre las olas.

Pero cuando la muerte viene a tocar la puerta, hay sólo  tu mirada  para tanto vacío  sólo  tu claridad, enfermera , para seguir resistiendo  sólo  tu  amor  que desvela, para vencer  a la enfermedad  y la verdad de tus pupilas  sedientos para  continuar vivos.

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