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Instituto Cubano de Radio y Televisión. Con sano orgullo.

Se enciende la luz en la cabina y se me ensancha el mundo. Mi voz se multiplica. Es el milagro de los panes y los peces que esta vez hace que las caricias, los abrazos y la compañía parezcan inagotables. Se oye la voz de ACCIÓN y la sonrisa se instala gobernante del espacio. A través de la cámara anda mi pueblo el mundo contando sus conquistas, sus hazañas, su vida.

El instituto Cubano de Radio y Televisión  enciende sus velas y casi no me creo que soy de esa colmena de los que todavía creen en la palabra y en la imagen. Orgullo sano pertenecer a un colectivo con tanta gloria en su hoja de vida. Nuestros medios  son la historia viviente de esta tierra. Atestiguaron los sucesos que hicieron un país con la materia prima de espíritus rebeldes y deseos de libertad. No faltaron a la convocatoria. No tardaron en la denuncia. No callaron ante el oprobio y se vistieron de verde cuando fue necesario para, en sentencias que eran balas, hacer su parte en la lucha de todos.  

Nuestra televisión y nuestra radio  captaron el lenguaje del pueblo. Se hicieron universidad, consulta, cine, biblioteca, gimnasio, caudal de ideas y mensajes para ser mejores. ¿Cuántas veces no viajó Fidel por ondas y señales? ¿A cuántos no salvaron sus palabras de la desesperanza? El ICRT subió modesto al medallero del cariño. Consentido del pueblo, puesto en su mira porque lo  sabe capaz de una entrega mejor, de un aporte más grande. Edificio enorme  que visitamos para sentarnos detrás de una fachada o en el apartamento de una amiga entrañable compartir las alegrías de la sobremesa.

Muchos nombres se sembraron en los surcos de la radio y la televisión de nuestra isla. Muchas semillas se fueron a otros campos a ser Cuba y dejar por el mundo un poco de nuestra enjundia y nuestra gracia. Ahí están los ciclones para dar fe de la noticia oportuna, Girón para que la organización popular desfile airosa por la memoria. Ahí están los desfiles de mayo, las fiestas de enero, los espectáculos de siempre.

Si pensar como país es la filosofía, la radio y la televisión son un cerebro diseñado desde antes para ese pensamiento. Para todos los gustos, por todas las audiencias, en todos los lenguajes la maestría y la profesionalidad se crecen. Se levantan encuestas. Se vuelven interactivas, comunitarias, multimediales. Se agigantan en formas que ayudan a colocar ese contenido que es nuestra realidad sincera, ese talento natural que en Cuba  es el pan nuestro.

Mi felicitación primera es al  respetable. Al público que alienta la diaria superación de nuestra gente. Luego a los hombres y mujeres de la televisión y la radio. A todos los que mueven un botón, articulan un sonido, arman una imagen, construyen un producto nacional perfectible y genuino. A los que, como yo, se enamoraron de esta vida de guiones y luces. A los reconocidos y los anónimos. A los que son columnas y los que mantienen sólida la base. Felicidades al Instituto Cubano de Radio y Televisión en su aniversario  58. Aún no me creo pertenecer a una organización tan grande, a una familia tan hermosa. Pero celebro el cumpleaños como el mío propio.

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