No he coincidido con él. Claro, no vivo cerca de su casa. Creo que es la primera vez que envidio de veras a los habaneros. Aquà en Artemisa no cabe esa bonita casualidad de que un dÃa, cuando vaya en dirección a cualquier lugar, vea venir por mi propia acera o la de enfrente a René González, uno de los héroes de carne y hueso por los cuales tanto hemos peleado. Estas fueron las palabras que publicó en El Artemiseño mi amigo Joel Mayor Lorán, a la llegada del héroe a Cuba.
Y es que cuando se lucha por una causa justa, por preservar la libertad de una nación, el hombre se convierte en leyenda y todos los seguidores de la paz buscan una simple ocasión para agradecer una vida de entrega. Y eso le sucede a muchos cubanos con René, Gerardo, Fernando, Ramón y Antonio.
Una foto con René, unas palabras o un saludo pueden ser algunas de las ideas que pasan por la mente de cualquiera que se lo tropiece. Sin embargo, quizás, muchos se pregunten, en caso de darse el encuentro, de qué manera actuar. Lo que nunca imaginé fue que yo pudiera estar en esa situación. Y en estas ideas pensé cuando vi llegar al Cinecitta, el emblemático restaurant del Vedado, al héroe para disfrutar de un tiempo con su familia.
Esta era una oportunidad única y no podÃa perder la posibilidad de acercarme a él y aunque sea tomar una fotografÃa. Mi inquietud era, ¿cómo lo verÃa él?. Hasta que al fin me decidà y me acerqué a su mesa. Y con la humildad que lo caracteriza, él y su esposa accedieron a la foto.
La valentÃa de René y sus cuatro compañeros ha cautivado a millones alrededor del mundo, a mà me impresionó su sencillez, su naturalidad, su cubanÃa, por eso hoy escribo esta crónica, porque los verdaderos héroes son asÃ, hombres y mujeres de pueblo, asequibles a los demás, al alcance de un saludo, de una sonrisa, de una foto.