Ronald tiene un aula en su casa

Para el pequeño Ronald Alfredo Serrano, septiembre también es el amanecer de los sueños, de las aspiraciones y de un encuentro por el futuro. Aunque no compartió la alegría de estar el día primero en una escuela -debido a su retraso mental moderado-, no se vio privado de aprender. Espacios de su casa se convierten en aulas, desde hace dos cursos.
Con la intranquilidad acostumbrada, cuenta que ha aprendido los colores, a hacer figuras de plastilina y a armar rompecabezas de un solo corte con las láminas que la maestra facilita, y a quien quiere por sus clases.
Cuanto sabe lo debe a la sancristobalense Felicia Delgado Valladares, la maestra jubilada que forma parte del claustro de la Escuela Especial 8 de Octubre, para atender a niños cuya discapacidad les impide llegar hasta la instalación. Desde inicios de septiembre, cada martes y jueves, durante dos horas, entra en su hogar con los conocimientos.
“Ronald tiene poca estabilidad en su cuerpo, está en la preparatoria, es decir, como si fuera un prescolar. Con él, desarrollo ejercicios del lenguaje y trabajo esencialmente la educación plástica con plastilina, acuarelas y temperas. Ya manipula la tijera, pinta, rasga, arma rompecabezas y pega.
“Es difícil trabajar con pequeños como ellos”, reconoce Felicia, quien con solo 16 años se decidió por el magisterio y durante casi 50 años entregó sus conocimientos y su cariño en las aulas del seminternado Pepito Tey, donde impartió clases desde el preescolar hasta el sexto grados. Hoy atiende a tres alumnos como Ronald.
Señala que la matemática es fundamental para estos niños, porque así se relacionan en el hogar y con el mundo que los rodea, y saben diferenciar las cosas por tamaño y colores.
“También lo es la familia, para que nuestras clases cumplan sus objetivos y también para que continúen las tareas que orientamos, y así los muchachos adquieran las habilidades necesarias para desarrollarse”, valora.
Impresiona cómo el pequeño, que vive en la comunidad Ramón López Peña, a pesar de su miopía severa y también de una lesión estática del sistema nervioso central, identifica los rostros de Fidel y Chávez. Y cuando los ve empieza a llorar, pues son dos personas a las que quiere, por todo lo que han hecho por los niños.
Tanto la maestra como su madre Leticia, refieren que no existe nada que lo entretenga más que Vivir del cuento. “Me gusta ser como Pánfilo, para que las personas se rían”.
El pequeño sueña con viajar a Brasil a conocer a su “novia” Noemia, la actriz Camila Morgado de la novela Avenida Brasil, y contarle lo aprendido hasta ahora.
Su hipotonía muscular y el síndrome de inmunodeficiencia celular, otros de sus padecimientos, no han sido obstáculo para que a sus 13 años, adquiera nuevos saberes.




