El Bernabelito de Artemisa

Resulta un atrevimiento llamar Bernabelito a todo un personaje de la historia de Cuba pero si continúa leyendo, tal vez, coincidirá con esta redactora en que las razones justifican la forma.

Eduardo Bernabé Ordaz Ducunge nació en san Antonio de los Baños el 13 de octubre de 1921, apenas una década después viene la familia a vivir a Cayo La Rosa en el municipio de Bauta. Allí existía ya la Textilera Ariguanabo y las ofertas de trabajo eran mejores.

La historia de este cubano seria larga, pero hay tres cosas que lo distinguieron durante toda su vida: la fidelidad a Fidel Castro, el haber sido un católico consagrado, y por sobre todas las cosas, cambiar el destino del Hospital Psiquiátrico de La Habana que hoy lleva su nombre.

Tuve la oportunidad de entrevistarlo, o más bien conversar con él tres veces,  porque su visita a Bauta era casi constante en eventos y los fines de semana. Lo primero que me impactó de él fue la calma con que hablaba, de su rostro emanaba una paz indescriptible. También fue sincero cuando se refería a su relación de amistad con de Fidel, del cariño que le profesaba y del respeto que desde la Sierra Maestra le tuvo.

Una de esas ocasiones me confesó sin miedos ni remordimientos que nunca, negó su fe en Dios; ni aun cuando por una época esto vedaba el ingreso al Partido Comunista de Cuba, él, por sobradas razones, se consideró fundador después de enero de 1959.  En su escritorio del Hospital siempre hubo una Biblia.

Anécdotas de encuentros con hombres inolvidables como Bernabelito tengo muchos que contar, seria largo este trabajo. Ahora solo otro. Un día estábamos en un área recreativa de la Textilera Ariguanabo y ?él, que siempre viajaba con toda la familia, pacientes rehabilitados y todo un séquito de amigos, se hizo acompañar por una cantante. Era una mujer rubia de aspecto elegante y más de cuarenta años; interpretó El ave María, luego, cuando terminó bajó del escenario y se abrazó al Comandante Ordaz y le llamó papá. Más tarde me contó que su familia la abandonó y ella enfermó gravemente de los nervios, se recuper?ó gracias a” papá Bernabelito” y ahora era un trabajadora del Hospital.

Eduardo Ordaz nunca olvido a los pueblos que tuvieron que ver con su nacimiento y niñez. En Ecured puede leerse: Una vez graduado comenzó a laborar en la clínica Damas Católicas del Vedado. Acudía con frecuencia al hospital de San Antonio de los Baños donde atendía a un gran número de pobladores junto al Dr. Diéguez; también visitaba, con el Dr. Balmaceda, una Clínica que existía en Artemisa.

Tal vez no sea suficiente este modesto homenaje a Eduardo Bernabé Ordaz, figura imprescindible de la historia cubana que este 13 de octubre cumpliría 93 años, pero somos sinceros al recordarlo así, desde su grandeza sencilla e inmensamente humana, antes y después de que partiera de este mundo el 21 de mayo de 2006.