
Aquel octubre de 1959 su cuerpo se perdÃa en el océano y en cada ola, la esperanza del regreso. Nunca volvió, mas su pueblo no lo creyó muerto. La imagen dócil, sencilla y su espÃritu de vanguardia no se borraron con aquella tormenta. Un pequeño desvÃo lo guiaba a la eternidad.
Porque está vivo Camilo, Cuba lo recuerda. De pequeños, en sonrisas, sombrero alón y flor de octubre. De grandes, en cada batalla a la vanguardia, honrando su única ambición: "estar en la primera lÃnea".
Los que lo acompañaron, sintieron la intensidad de su fuerza. Último expedicionario en diciembre, primero en "la misión más importante" de su vida, la invasión a Occidente. El Che lo reconocÃa en la gracia de crear mil anécdotas y poner en todo lo suyo el distintivo de la originalidad. Fidel, en la gloria y el honor que supo ganar sin que nadie se los diera.
En la escuela, de niño, con las manos vacÃas tras donar el dinero a los huérfanos. De joven, empleado de una sastrerÃa, en tiempos de aciaga situación económica. En la batalla, las bromas, los sueños, en "su renuevo continuo e inmortal, Camilo es la imagen del pueblo".
La fidelidad sin tregua y el valor le merecieron el grado de Comandante. Su lealtad a la confianza de Fidel, serÃa incuestionable. Más fácil le serÃa dejar de respirar que traicionarla.
Sin destellos de egoÃsmo y con la humanidad que naturalmente regalaba, consideró hermanos a los que luchaban, sin importar dónde.
De barba y ojos brillosos entró en La Habana. El pueblo ya sabÃa de Camilo, lo reconocÃa en su figura comentada, en sus historias que hablaban de vanguardia, en Yaguajay, la Sierra, el Granma, o en las tantas anécdotas que lo hacÃan cercano... increÃble, hombre y mito a la vez.
Este 28 de octubre, como siempre, el mar se cubre de flores y la mirada de su pueblo se perderá en la profundidad. Hoy, cuando aún nos resistimos a su muerte, y en cada mano esté el adiós, y en cada hombre su ejemplo, sabremos que emprendió un largo viaje hacia la eternidad.