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Nada tan fuerte como el amor

Luchar por el regreso de Los Cinco equivalió a una batalla por cientos de besos y momentos perdidos entre dos jóvenes enamorados como Gerardo y Adriana
el artemiseño

Fue el pueblo de Fidel quien escribió de amor. Los que creen en sus profecías. Los que sueñan como él. Los que no se rinden. No importa si viven o no rodeados de nuestro mar azul; tampoco si escucharon sus cientos de discursos. Sencillamente, escribieron los versos más sublimes este 17 de diciembre de todo el siglo, el día feliz que esperábamos.

Algunos ya no piensan que era demasiado su optimismo, que esta vez fallaría en su gigantesca fe. Otros sí: hasta le exigen persistir en la locura de enfrentar molinos y vencerlos, de convertir miles de “¡Volverán!” en ¡Volvieron!

Quienes no comprendían, ahora entienden. Nuestro Comandante en Jefe sabe de política, pero sobre todo de amor. A fin de cuentas, la felicidad es solo eso: amor. La pelea de estos 16 años tuvo un motivo ostensible, la justicia; y otro, esencial, el más puro de los sentimientos.

Luchar por el regreso de Los Cinco equivalió a una batalla por cientos de besos y momentos perdidos entre dos jóvenes enamorados como Gerardo y Adriana: él, capaz de dedicar una carta a sus hijos por nacer; ella, de intentar encerrarse en el baño 24 horas, para estar en su lugar.

Esa contienda encarnó el empeño para que René pudiera abrazar y cuidar de la entonces pequeña Ivette, a la cual había escrito: “Hoy mi celda se ve linda y azulada/ (…) Hoy me inflamo de querer y de contento/ porque hoy, mi querubín, cumples un año/ hoy te veo, te respiro y te consiento/ hoy te sueño, te beso y… sí. Te extraño”.

Conmueve también la correspondencia de Ramón con sus hijas. “Sepan que hube de mar-char por el amor a ustedes y a todos”, les explicó. “A veces sucede que cuando más se ama a un ser humano es cuando más pronto debes separarte de él, para salvar su propia vida e, incluso, sus sueños”.

Las propias Ailí, Laura y Lizbeth participaron de la pelea para que su papá no tardara en regre-sar y no hubiera de hacerlo en una silla de ruedas, a causa de la deformación en las rodillas por los años de prisión.

Cada página de lucha estuvo marcada por el amor, desde el romance más lindo del mundo (el protagonizado por Tony y su mamá) hasta la comida de yuca con mojo que tanto deseaba prepararle Magaly a su hijo Fernando.

Unas y otras manifestaciones, en Cuba o más allá, entrañaban el reclamo de que las madres pudieran abrazar nuevamente a sus queridos muchachos (como se lo perdió la de Gerardo), de que cada pareja pudiera volver a besarse, de que Adriana pudiera concebir el retoño anhelado.

La confianza en Fidel, el decoro heredado de mambises y rebeldes, de milicianos e internacionalistas, la tenacidad durante 16 años y la resistencia durante 56, llevan la pro-funda huella del amor, a la Patria, a la dignidad humana y a los seres que comparten nuestras vidas. Por eso la victoria resultó rotunda: René, Fernando, Gerardo, Ramón y Antonio ya están en casa; mientras, el Gobierno de Estados Unidos reconoció el fracaso de su política hostil hacia Cuba, pactó la normalización de las relaciones entre ambos países… e hirió de muerte al bloqueo.

Lo que parecía una guerra sin fin terminó gracias a no ceder jamás en los principios, a la fuerza inconmensurable del amor y a la inmensa fe que nos transmitió nuestro guía: Fidel.

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