
¿Existe el destino? Muchos creen que sí. Está escrito, alegan. ¿Cómo llamar entonces a esas vueltas de la vida que nos colocan en lugares y situaciones inimaginables? Casualidad.
No lo creo. ¿Cuántas personas ejercen una profesión que no estudiaron? Hasta usted pudiera estar en tal caso.
Recientemente conocí a Ramón Socas, un joven de 22 años, graduado de técnico medio en Mecanización Agrícola. ¿Quién le iba a decir que al concluir el Servicio Militar dejaría atrás su sueño de desarmar y armar motores para convertirse en campesino?
Tras la muerte de su tío Tomás Ravelo, hace unos tres años, dueño de la finca La Esperanza, ubicada en Candelaria, él, junto a su padre José Ramón, decidieron explotar la propiedad de 2,5 hectáreas, totalmente abandonada.
“Era palos y malezas”, comentó el joven. Lo puedo imaginar. Sin embargo, de aquel monte solo queda su historia, porque ahora muestra una imagen difícil de olvidar gracias al orden y la exquisita atención a los cultivos.
Según Socas, el reto de transformar La Esperanza requirió un gran esfuerzo, que asumieron su padre y él con la ayuda de otro trabajador y su esposa Melisa Sánchez.
“Primero sembramos 300 matas de guayaba, luego mangos, maíz, frijoles y malanga, que no se dio por falta de agua. Ya tenemos un pozo para el consumo y riego por aspersión”.
No estaba escrito el futuro de Ramón, aunque reside en áreas de la finca. No obstante, se le da bien lo de trabajar la tierra, pues ahora explota otras 8,5 hectáreas, obtenidas por el Decreto Ley 300, y espera echar a andar un nuevo pozo para sacar más provecho a los suelos ferralíticos rojos que ya aportan cosechas de buen rendimiento.
La imagen que transmite La Esperanza premia un trabajo sostenido y en familia. De acuerdo con Ezequiel Martínez, director de Técnica y Desarrollo de la Empresa Agroindustrial de Granos José Martí, Artemisa, antes director de la Agricultura en Candelaria, también resulta significativa la vinculación con la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar.
“Aquí encontramos lombricultura y un banco de materia orgánica, plantas de café y anón, así como frutas exóticas como marañón y melocotón. Poseen convenio porcino. Siembran hortalizas y mantienen tradiciones como madurar las frutas con el sistema pilón. Esta integralidad les permite autoabastecerse de muchos productos, además de cumplir lo pactado con la CCS Armando Novoa, a la cual pertenecen”.
El joven Ramón siempre ha vivido en el campo. Lo conoce como la palma de su mano. Decidió hacerse mecánico y lo logró. Una tragedia en la familia hizo que observara de forma diferente el entorno que recorre desde su niñez. “Podemos transformarlo”, quizás le dijo a su padre. Fue así que una de esas vueltas de la vida le atrapó y puso en sus manos un nuevo ¿destino o desafío?