
Es un privilegio para Cuba y el mundo disfrutar de su altura humana y universal. Escucharlo con la misma atención de un niño asombrado y descubrir la esencia de su alma. Es que Fidel es un hombre inabarcable, y no serÃan suficientes las palabras para bordar los latidos de su corazón.
Fidel es para mà un maestro en toda su dimensión. Con sapiencia y poder de convencimiento, nos insta a develar el secreto de las cosas; pronuncia verbo de filo cortante y su lúcida mente ha estado presta para advertir, convencer, escudriñar el futuro con la perspectiva de un presente que reclama el concurso de las buenas voluntades.
Con justo derecho conquistó un tÃtulo cuya nobleza trasciende el abolengo de barones y sires: Comandante en Jefe. En ellas se resume lo excepcional y divino de la raza humana: soldado imbatible; revolucionario sin tacha; luz del pasado, el presente y el futuro.
Fidel es padre, hermano, compañero, amigo, que nos guÃa y conduce por senderos de amor e intransigencia. Cada dÃa nos enseña el valor y la sinceridad de ser humildes, porque lo más importante es no albergar ambiciones o vanidades, sino entregarlo todo a favor de las causas justas.
Ahà están vivas sus alertas, pues el camino siempre será difÃcil y se requiere el esfuerzo inteligente de cada uno de nosotros, desconfiando de las sendas aparentemente fáciles de la apologética o la autoflagelación. No hay mejor antÃdoto que poner alma y vida en las metas.
Su magisterio es tan caudaloso que nos invita a ser prudentes en el éxito como invariables en la adversidad, y este es un principio que no podemos olvidar, a sabiendas de que el enemigo a derrotar es sumamente fuerte.
Durante más de medio siglo hemos mantenido al imperio a raya, y eso –lo sabemos-, en parte obedece a su ejemplo personal y a su valor a prueba de balas y falacias.
Las metáforas no lograrán aquilatar la vida de un nombre irrepetible. Fidel es algo más; es un ser de carne y hueso que supera todas las épocas. En pocas horas cumplirá 90 años con el brÃo y la decisión de los que no conocen la derrota. Y yo comparto y vivo esa inmensa alegrÃa, porque creo que hay lugar en la Tierra para la felicidad de todos; eso ha sido y es, también gracias a Fidel.
