
Los rostros, las miradas y los gestos de niños, jóvenes, adultos, ancianos… se conmoÂcionan al recordar a ese hombre fascinante con una vida llena de detalles legendarios, ideas, utopÃas, realizaciones… que es Fidel.
Bien lo saben quienes residen en San Cristóbal, ese sitio que en siete ocasiones recibió al lÃder histórico de la Revolución entre aplausos, aleÂgrÃas, emoción y muchos vÃtores.
Asà consta en una investigación del Museo Municipal, la cual recuerda que una de sus primeras huellas tuvo lugar justaÂmente antes del triunfo de la Revolución, en 1951. Al llegar fue recibido por Felipe GonzáÂlez Soler (Ñaño), entonces presidente de la Juventud Ortodoxa y posterior dirigente del Movimiento 26 de Julio en el territorio.
Según cuentan, Fidel se hospedó en el hotel El Globo (hoy edificio Etecsa); su objeÂtivo era visitar el Registro de la Propiedad en busca de las fincas de las que se habÃan apropiado senadores de la República en el gobierno de Carlos PrÃo Socarrás. Con ese mismo fin, luego llegó al municipio pinareño de Consolación de Sur.
Solo 17 dÃas después del Primero de enero de 1959, cuando se reanudó la Caravana de la Victoria, esta vez rumbo a Pinar del RÃo, regresó Fidel al pueblo. Sus habitantes espeÂraron con júbilo el paso de los rebeldes y se situó a ambos lados de la Carretera Central.
El 9 de diciembre volvió para entregar los primeros tÃtulos de propiedad de la tierra, a los campesinos de la comunidad Niceto Pérez, en Rancho Mundito.
Y en 1960, acompañado por Sukarno, el Presidente de Indonesia y Antonio Núñez Jiménez, visitó la finca La Coronela, donde se desarrollaba el primer plan avÃcola. Y en esa misma etapa llegó hasta la comunidad de Los Pinos, donde se iniciaban grandes siembras de tomate para la exportación, esta vez junto a Anastas Mikoyan, Presidente del Soviet Supremo de la URSS.
Si hay un instante emocionante que recuerda el paso de Fidel fue su estancia en Santa Cruz de los Pinos en abril de 1964. El lÃder de la Revolución transitaba por la Carretera Central rumbo a Pinar del RÃo y, al pasar por el terreno de pelota aledaño a la vÃa, mandó a detener el carro, se bajó y se incorporó al juego que se realizaba.
Cuentan que no solo fue un entusiasta espectador sino que lanzó seis entradas, tres por cada equipo, en un encuentro entre las novenas locales de Santa Cruz y San Cristóbal. Al finalizar, la noticia ya se habÃa propagado por todo el pueblo. La gente se volcó al terreno para ver a Fidel, y se improÂvisó asà una charla con los sancristobalenses.
La última huella recogida por los hisÂtoriadores sobre el Comandante en San Cristóbal, la dejó en 1982, cuando asistió a la inauguración del hospital General ComanÂdante Pinares. Sin embargo, sus pobladores, como los cubanos todos, sienten cada dÃa más cerca a Fidel y obran para que sus ojos, sus oÃdos, sus pasos, sus ideas, sus palabras y su inmenso corazón permanezcan por siempre en nosotros.