
Sus manos entrañan el secreto, y de seguro no hay quien conozca más que ellos sobre esta peculiar planta, sin dudas parte imprescindible de sus dÃas. De sus anécdotas nace una singular historia escrita con fibras de henequén.
Cuando apenas ha salido el Sol, ¡algunos ya están en el surco! Cuchillo en mano y acompañados de un par de guantes, experimentados cortadores extraen la materia prima del campo.
Para los henequeneros resulta esencial la siembra de viveros, y la directa en el campo, el proceso de mantenimiento a las plantaciones y el corte de mazos, que luego son procesados en una máquina desfibradora, como parte del proceso industrial.
Diversas potencialidades pueden explotarse a partir del henequén. Entre sus derivados destacan como producciones principales las sogas, cordeles, tendederas, plumeros y brochas. También se conocen diversos usos en la industria farmacéutica, y puede ser empleado como forraje para el ganado, asà como biogás, fertilizante o detergente.
No resulta casual que los mayas le consideraran sagrado, y en México aún hoy le nombran oro verde. En nuestra provincia, una comunidad marieleña llamada como esta fructÃfera planta se distingue por los campos del referido cultivo que se observan en parte de su geografÃa, donde integrantes de una brigada especializada en el henequén le dan vida también al proceso industrial.
Cada 27 de agosto, DÃa del Trabajador Henequenero, constituye ocasión oportuna para reconocer la labor de hombres y mujeres que con habilidades peculiares se consagran a esta tarea, la cual no solo requiere constancia sino también un gran sentido de pertenencia.