
Cuando apenas tenía quince años tome una decisión que pudo haberme costado muy caro si la vida no hubiera puesto en mi camino a la profe Alba Pérez Noa, ella que había sido mi maestra de primaria en Julio A.Mella donde también fue directora.
Me llamó a la reflexión con su voz dulce y segura, me habló de futuro, de cosas por hacer, de la vida, en fin, me enseñó el camino a seguir y con gesto cariñoso me dijo, “adelante mi niño, la vida empieza ahora” Créanme si les digo que esta conversación y aquellos consejos estuvieron dormidos en mi mente por más de cuarenta años.
Me llevó la vida por diversos caminos y en ocasiones compartí con la profe Alma alguna que otra trinchera de la Revolución donde ella fue ejemplo a seguir por su entrega, su trabajo y sobre todo por la modestia y sencillez con que compartía experiencias, daba consejos o llamaba a capítulo a algún rezagado. A la par del cumplimiento cabal de las tareas políticas y laborales supo ser esposa y madre dedicada, formadora de hermosos valores morales y humanos en el seno familiar.
Nunca estuvo cerrada la puerta de su casa para quienes necesitaran de un repaso, de un libro, de una consulta, sin mediar el mezquino cobro, ahí estaba dispuesta, porque ella siempre fue maestra, de esas que desempeñan su profesión con actitudes mayúsculas. ¿Cuantos niños, jóvenes o adultos aprendieron de sus lecciones? No sé, quizás cien, quizás mil, fueron tantos años frente al aula. Fue toda una vida siendo maestra. Como el buen sembrador lanzó semillas al viento sin pedir nada a cambio, solo con la secreta esperanza de verlas germinar algún día.
La noticia de su fallecimiento el día 6 de septiembre me tomó por sorpresa, y en ese instante me percaté de que nunca le agradecí aquel sabio consejo que me colocó en el camino correcto, por eso hoy , quizás un poco tarde, en mi nombre y en el de tantos artemiseños que crecimos a la luz de sus enseñanzas, de aquellos que como yo recibieron de usted el consejo oportuno, mil gracias profe Alba, en usted se hace realidad el principio martiano de que “ la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.