Solidaridad de Mariel a Guantánamo

Por estos días la solidaridad de los cubanos se pone a prueba. Tras el paso del huracán Matthew, otro huracán de hermandad inundó la isla y el noticiero y otros espacios informativos son esperados con ansia, aún hasta por los que no tienen familiares ni amigos en el oriente del país y que no dejan de enorgullecerse o alegrarse por cada línea eléctrica instalada o vivienda en fase de recuperación, y es que al final como buenos cubanos sentimos el dolor ajeno como propio.

A los artemiseños nos toca bien ce cerca esas ansias de servir a los demás y si usted lo duda pregúntele a Roberto, Ernesto, José Manuel o a cualquier otro obrero de la empresa cemento Curasao de Mariel, porque en días de avatares la solidaridad no tiene nombre ni rostro para este inmenso colectivo que transforma el Clinker, el cemento , las horas de desvelo, el sudor de cada jornada, el vapor de las calderas, el ajetreo cotidiano en un puente de hermandad que desde el puerto marieleños teje a través de las cálidas aguas caribeñas hilos de amistad y compromiso con los hermanos guantanameros.

En situaciones de desastre lo material y lo espiritual se hacen uno, se convierten en una misma realidad que incita al esfuerzo colectivo, propone sucesivos horizontes y uno ce ellos es sin duda las casi 200 toneladas de cemento que desde la curazao Marielena iniciaron su viaje para contribuir el dolor de los guantanameros.

Casi cien años cuenta la historia de esta fábrica y muchas anécdotas se atesoran en esas paredes, hornos, trituradores, oficinas y sin dudas esta ayuda a los damnificados de Matthew será una nueva historia que permitirá en años posteriores recordar con orgullo que minúsculas partículas de cemento marieleño forman parte de viviendas de hijos de Baracoa, Maisí o Imías que perdieron la fe, tras el paso devastador de Matthew y que encontraron en la solidaridad el aliciente para continuar la construcción del futuro .