Ciento tres velitas de cumpleaños para Fefa
Decía el filósofo griego Platón que " los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo"; y es cierto. Basta solo estar a su lado para sentirnos abrigados, en entera confianza -para sentirnos dichosos. Pues así me siento cada vez que tengo la oportunidad de visitar el hogar de Josefa Cedeño Castellano, una mujer de 103 años recién cumplidos; vecina de Guanajay.
Desde que me inicié como periodista ella fue una de mis mayores motivaciones, no solo por la longevidad de su ser sino la de su corazón, la de su alma. Sencilla, humilde ,"santiaguera hasta la pared de enfrente" y revolucionaria son algunas de las cualidades que pude percibir luego de dos horas de conversación.
Fefa, como la conocen sus amigos, esperaba impaciente la visita. No sabía de quién se trataba. Pensó en médicos aunque era bien difícil esta posibilidad porque dice no saber qué es la fiebre , mucho menos los dolores. El reloj marcaba las 11 de la mañana y allí estaba en el sillón; la mejor compañía de los amaneceres, las tardes y las noches. También a la espera su hija Milagros y el perrito divertido que sin descansos saltaba de alegrías por todo el hogar. Decidimos conversar en la sala; ella me saluda como siempre e impresionada asume la invitación de hacer un trabajo para el artemiseño. Era la primera vez que Fefa recibía a un periodista, el mismo amigo de la familia pero ahora con la intensión de convertir sus 103 años en historia.
Apenas sin prepararnos comenzó a contarme sobre su infancia y las anécdotas que perduran a pesar de los años: la enorme finca de Santiago de Cuba, la escuela a la que también iba Fidel Castro y los inicios como modista. Ese oficio lo heredó de su madre el cual compartió décadas después con Milagros y que ya no ejerce por obediencia.
Atentamente escuchaba cada palabra. Su voz clara se prestaba para provocar fuertes ráfagas de vivencias imposibles de olvidar. Entre otras tantas supe de Rafael, el único novio y esposo de Fefa, nombre que mencionaba en más de una ocasión. Con él compartió grandes hazañas como la de crear su familia y contribuir a la gesta desatada en el país antes del Triunfo Revolucionario del 59. Ella dedicó largas horas a la confección de brazaletes del M-26-7 y además enviaba alimentos a los barbudos de la Sierra. "Lo hice porque lo sentí, lo hice con amor por mi Cuba"-añadió
Cientos de preguntas se originaban mientras escuchaba a Fefa. No quería interrumpirla por tanto deje que fuera ella quien narrara -a su manera- todo lo acumulado. Utilizaba chistes, se movía inquietamente en aquel sillón y la sonrisa apostó por no borrarse ni un minuto. De pronto comenzó a hablar de la familia. Quienes la conocen saben cuánto se disfruta cuando lo hace. Tenía plena convicción de lo especial del momento; acomodé la mano que sujetaba el micrófono de la grabadora e invité a Milagros quien se entretenía preparando el aromático y habitual café familiar.
Antes de dar la arrancada señaló la gigantezca foto donde aparece uno de sus nietos y dijo "mis nietos son mi mayor orgullo porque junto a mi hija los crié. Desde que llegaban de la escuela nos sentábamos juntos a hacer las tareas y los apoyé con entera confianza hasta después de grandes. Ahora ellos se encargan de nosotras pero eso se debe a la manera de educar". Sabía que hablar de Mayito y Marley sería conmovedor. Ellos son, quizás, la raíz del perdurable siglo en el alma de Fefa pero del mismo modo lo es la hija fiel compañera de sus días y el niño huérfano que decidió hacer suyo.
Casi al final, vuelve a sorprenderme; nadie puede despedirse sin antes ojear los álbum de fotos que atesoran memorias de la familia y de los viajes de Marley por disímiles geografías del mundo. Mientras las observa, como si fuera la primera vez, comenta el detalle de cada una. Yo, casi embobecido, penetro el papel de las instantáneas y aparezco en el cumpleaños 100, el viaje a la playa o el pica-cake donde se sobran los amigos.
Corresponde entonces decir adiós. Apunto los últimos detalles, detengo la grabadora y agradezco la voluntad de abrirme las puertas del hogar. ¡Es Increíble! Fefa cumplió 103 años aún cuando cuesta trabajo colocar igual número de velitas en el pastel. La amiga ladrona de mi tiempo es indiscutiblemente la razón de estas pequeñas palabras nada comparadas con la grandeza de su corazón que late rumbo a los 104.



