Contaminación sonora: un mal que ya es habitual

El Conejo Malo, Bad Bunny, cantante popular que por estos días inunda las bocinas y lugares recreativos con su música cada vez más popular, se ha convertido en un deber u obligación escucharlo.
No es del joven cantante de quien pretendo comentar y sí de la ya habitual contaminación sonora a la que nos exponemos. Una multitud de bocinas abundan en las calles, en los transportes públicos, en las paradas, en playas, parques, por toda la ciudad se ven esos aparatos en manos de quienes obligan a todos a su paso a escuchar lo que ellos disfrutan, les agrade o no .
Eso sin mencionar que en ocasiones sufrimos de una batalla entre géneros a la misma vez, al estar en medio de dos personas con la misma tecnología y distinta música que no perecen percatarse que no son del interés publico, que molestan o que simplemente prefieres disfrutar del silencio.
Para la gran mayoría de la población resulta ya casi habitual el escuchar el ruido, a comparación de otros agentes contaminantes pues es muy fácil de generar, por lo que su disminución o eficaz control dependerá exclusivamente de nosotros mismos.
Poner en práctica conductas que no perjudiquen el derecho a la tranquilidad y descanso de las personas, es decir, hábitos que nacen en casa como evitar lo gritos, no utilizar electrodomésticos en momentos de reposo, impedir que las mascotas hagan algarabía o bajar el volumen del televisor y de los equipos de sonidos, son algunas de las soluciones recomendadas a los ciudadanos para ganar en cultura ambiental.
El parque Libertad de la capital provincial de Artemisa es un ejemplo latente y concreto de lo antes mencionado. Esta área sufre junto a sus vecinos de las indisciplinas de estos “bocineros” en su mayoría jóvenes que escuchan hasta altas horas de la madrugada música a niveles exorbitantes.
Para que una ciudad goce de calidad de vida, las autoridades tienen una responsabilidad central, pues si no se aplican las normas, no se sensibiliza a la población y no se asumen medidas para aminorar el ruido, de esta forma se subestima a este contaminante tan nocivo para el organismo humano.
Despertar la conciencia sonora de las personas es hoy tarea de ayer. La contaminación acústica provoca insomnio, aumenta la aparición de trastornos psicológicos como estrés o ansiedad, alteraciones del sistema inmunológico, falta de memoria y dificultades de aprendizaje, entre muchas otras afectaciones.
El llamado está hecho, resta que cada cual concientice los efectos de este mal y evitemos contaminar nuestro hábitat



