La puntualidad

La familia es la célula fundamental de la sociedad, por ello es la familia o los padres los encargados de inculcar los valores y comportamientos adecuados para convivir en comunidad, de ahí parte que desde edades tempranas la familia inculque normas educativas tales como la puntualidad.
Desde la infancia se adoptan los patrones o modelos a seguir. Por ello es importante que el ejemplo que demos a nuestros hijos sea positivo. Si acostumbramos a llegar temprano al círculo, a la escuela, turnos médicos y demás, el día de mañana cuando ese pequeño tenga un oficio, tendrá en cuenta que alguien más puede estar esperando por él.
¿Cuánto le cuesta a la humanidad reconocer que de un aspecto tan ínfimo como ser puntuales depende toda una cadena de sucesos?
Supongamos que asistimos al consultorio médico de la familia con algún padecimiento, solicitamos autorización en el centro laboral o educativo para asistir un poco más tarde y resulta que al llegar a la institución de salud, la enfermera comunica a los presentes que la doctora se retrasará porque el transporte que necesita para llegar a consulta se retardó por motivos subjetivos.
Cuantos sucesos conspiraron contra aquel, que siguiendo las normas de educación llegó temprano a su turno médico y terminó a punto del mediodía.
Parafraseando aquel viejo refrán, a la escuela hay que llegar puntual, seamos fieles a este precepto y lleguemos puntuales a la escuela a nuestro trabajo y ¿por qué no? También nuestras citas románticas.
Creo que si todos contribuimos, podemos lograr convivir en un mundo donde la puntualidad no sea un problema que desencadene malestar entre las personas.



