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El feo rostro de la discriminación

Hace solo un par de décadas las enfermedades de transmisión sexual eran un estigma. Incluso las preferencias no heterosexuales se consideraban desviaciones o enfermedades y la comprensión de estos fenómenos en la sociedad era muy limitada.

Hoy el fenómeno del VIH se aborda con más naturalidad. Es cierto que tiene  graves consecuencias para la salud humana. Otros también  son letales o limitan a quienes los portan.

Pero aún persisten seres humanos con percepciones erróneas de esta situación y, de manera directo o no, marginan a los que viven con VIH. Mucho se ha hablado de la importancia de la comunicación, el papel que desempeña la familia en estos casos y la comunidad que debe aceptar y apoyar a las personas afectadas. Existen muchos esquemas para hablar del tema, incuso algunos que no comparto, porque creo que la naturalidad está en tratar el tema sin sobre protecciones y entendiéndolo como una de las tantas aristas de la vida.

Vivir con VIH no te hace una persona diferente en cuanto a los sentimientos, en la capacidad creativa, en el desempeño profesional. No te limita a trabajar en un establecimiento estatal o por cuenta propia ni tampoco de ser responsable de tus actos en cuanto a la vida sexual. Existen parejas cero discordantes que conviven sin ningún problema y actúan en consecuencia con su estado serológico. Se trata de individuos con motivaciones como cualquier otros y  por eso es un deber respetarlos, sin condescendencia.

Nuestro país se ocupa de combatir el Virus de Inmunodeficiencia Humana y todas las afecciones que  se le asocian. Facilita a los pacientes los medicamentos que requieren y que no son económicos en el mercado internacional. Existen proyectos que monitorean el tratamiento de cada caso y así por el estilo. Pero eso es lo que hace el Sistema de Salud Pública, el Estado. Mi propuesta es que pensemos de forma colectiva qué hacemos nosotros, el pueblo. ¿Cuál es la reacción ante esta realidad?

A veces  somos hipócritas y actuamos como con el racismo, que decimos no existe mientras continuamos diciendo negrito de salir o mulato adelantado. Tenemos esa resistencia a la condición de salud diferente y obviamos que no es otra cosa que el resultado de una conducta sexual de riesgo que, para colmo del análisis, también mantenemos. El asunto es grave si consideramos nuestra intención de construir el país más justo del mundo.  

Las infecciones de transmisión sexual, y no solo hablo del VIH sino también del condiloma, la sífilis, la blenorragia y otras, solo dañan nuestro cuerpo. La autoestima quienes la quiebran son las personas que conviven con nosotros, los que comparten nuestro espacio. Hubo un tiempo en el que se puso de moda  el fatal slogan de campaña el SIDA no tiene rostro. Yo pienso que habría que crear uno que dijera algo así como la intolerancia y la discriminación si tienen rostro y es uno bien feo.

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