
La contaminación acústica o sonora como también se le conoce es el exceso de sonido que altera las condiciones normales del ambiente provocado por las actividades que desarrolla el hombre.
A nivel conceptual se extiende, pero, si me refiero al ruido molesto, desagradable e inoportuno en los espacios públicos, se comprende con mayor claridad. La preocupante de quienes viven cerca de un establecimiento recreativo o hasta del propio vecino que hace uso de sus equipos para proyectar la música a todo volumen, es verídica.
El ruido como un contaminante puede producir efectos negativos sobre la salud auditiva, física y mental de las personas, pero a pesar del impacto negativo aun existen quienes no les preocupan lo perjudicial de este fenómeno. Si bien el ruido no se acumula, traslada o mantiene en el tiempo como las otras contaminaciones, también puede causar daños en la calidad de vida de las personas, si no se controla adecuadamente.
Considero que los responsables de las instituciones estatales o particulares que consumen música alta deben conocer las regulaciones y aplicarlas según lo establecido, disfrutar de una actividad en espacios públicos no depende de lo elevado que esté el audio, en mi opinión, el respeto es el que debe primar.