Un futuro certero

Cuando triunfó la Revolución Cubana, el panorama que heredó Cuba de los gobiernos anteriores era desolador para la infancia: 600 mil niños sin escuelas, diez mil maestros sin trabajo, un millón de analfabetos y una cantidad, algo superior, calificada de semianalfabetos.

A partir de 1959,  los cuarteles militares se convirtieron en escuelas y  miles de maestros marcharon a los sitios más recónditos para alfabetizar y el país comenzó a poblarse de círculos infantiles, colegios, secundarias y preuniversitarios en el campo.

Fidel tuvo una vida dedicada a pensar en los niños, y la historia es testigo. A ellos habló en muchas ocasiones y colocó en sus manos el compromiso de estudiar y aprender para servirle a la Patria.

Los niños son sabios y sinceros, nadie como ellos para resumir y expresar los sentimientos, las verdades que nacen más cerca del alma que de la mente, sin maquillajes o conveniencias.

Estas virtudes nuestro Comandante las sabía muy bien por eso, se convirtió en su mejor amigo y para ellos luchó por los derechos y programas desarrollados en su beneficio.

En Cuba los niños son los continuadores de esta obra que se llama Revolución y nuestro Comandante así lo reconoció cuando expresó en el discurso del24 de febrero de 1960 “Y en eso es en lo que más debemos pensar: en los niños de hoy, que son el pueblo de mañana.  Hay que cuidarlos y velar por ellos como los pilares con que se funda una obra verdaderamente hermosa y verdaderamente útil”.

Los pequeños cubanos respetan y conocen nuestra historia, pero sobre todo están eternamente agradecidos  a nuestro Comandante Fidel castro, el hombre que luchó por Cuba, el que les permitió vivir en un país donde los niños tienen un futuro certero.