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La tranquilidad ciudadana, una conquista de la revolución

Durante mis recientes visitas al Campamento Internacional Julio Antonio Mella (CIJAM) del artemiseño municipio de Caimito y las conversaciones sostenidas con las personas que integran las brigadas internacionales de solidaridad con Cuba que en él se hospedan, la gran mayoría me ha explicado que en nuestra isla antillana se respira una magnífica tranquilidad ciudadana.

Está muy lejos nuestro país de permitir que en él se observen las cosas burdas que se ven en otros lugares del mundo como son la tenencia legal de armas de fuego, riñas tumultuarias masivas en diferentes partes, los encuentros entre pandillas, la mafia por doquier, y el uso de drogas en cualquier esquina y centro comercial.

Es cierto, que desde los primeros años del triunfo revolucionario, nuestro gobierno se proyectó en eliminar totalmente muchas de esas malas costumbres, provenientes desde la etapa del capitalismo, que hacían que el pueblo viviera entre el susto y la incertidumbre.

Sin querer ser absoluto, a la edad que tengo, les puedo asegurar que muchos delitos o indisciplinas sociales llegaron a ser casi nulos en nuestro país, y los pocos casos que se veían no ofrecían cifras para estadísticas, pues eran imperceptibles y el accionar de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) se consideraba muy efectivo.

Desde hace algún tiempo para acá, y no considero que sea un caos, pero las cosas cuando no se eliminan de raíz pueden volver a aparecer, se aprecia una mayor agresividad en las personas empleando diversos tipos de armamentos, la guapería, la ingestión de bebidas alcohólicas en cualquier espacio público y hasta en los medios de transportación masivos, en los que a veces viajan agentes del orden público y no son capaces de requerirlos se ha acrecentado.

El fenómeno de la droga ha tomado auge en los últimos tiempos y consecuentemente con esto su repercusión social, trayendo consigo la comisión de muchísimas indisciplinas que afectan la tranquilidad de nuestros barrios.

Es por todo eso que considero que si queremos que el mundo nos siga viendo como ejemplo a seguir y que continuemos viviendo felices, es necesario el trabajo conjunto de toda la sociedad, las organizaciones políticas y de masas, así como de nuestros órganos judiciales y el Ministerio del interior (MININT), pues la tranquilidad ciudadana es una de las grandes conquistas de la revolución a la que no podemos renunciar.

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