
Uno de los problemas más complejos que hoy confronta la reproducción humana es el embarazo en la adolescencia, debido al alto riesgo de complicaciones durante esa etapa y en el momento del parto, lo que conlleva a un incremento de las tasas de morbilidad y mortalidad materna, perinatal y neonatal.
La Organización mundial de la Salud (OMS) establece la adolescencia entre los diez y diecinueve años de edad, por lo que las féminas no están física y tampoco mentalmente para concebir un nuevo ser en esa etapa.
La naturaleza es sabia y cada cosa debe hacerse en su momento, pues a esa edad las jóvenes están pensando en lo que van a estudiar en el futuro, en las diferentes modas de la actualidad, en diversas formas de recreación, y muchas todavía se comportan como niñas y continúan jugando a las casitas y con muñecas.
Aunque en el país existen muchas campañas por los diferentes medios de comunicación para hacerles llegar a las familias todos los problemas que trae consigo el embarazo precoz no podemos casarnos, hay que seguir insistiendo y junto a los centros docentes tenemos que continuar nuestra labor.
Considero que la familia es la principal responsable de preparar a las adolescentes en estos temas y no pueden dejárselo solo a la escuela y la sociedad, porque después que aparece el problema será demasiado tarde.
La interrupción del embarazo, una de las prácticas que más se usa a esa edad, constituye también un gran riesgo que puede poner en peligro la vida de la joven y su futura posibilidad de convertirse algún día en mamá.
Por todo lo anteriormente expuesto, soy del criterio que hay que conversar mucho más con nuestros hijos, sean hembras o varones y explicarles una, dos, tres y las veces que sea necesario, que el embarazo antes de tiempo no conlleva generalmente a un desenlace feliz, y si puede conducir a un camino oscuro en el que es muy difícil poder llegar a ver la luz.