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A tiempo de cambiar de actitud ante el coronavirus(+Audio)

Reza el refrán popular que a mal tiempo buena cara. Para los cubanos y para miles de ciudadanos del mundo la buena cara  aparece por estos días detrás de un nasobucos y en los ojos no se dibuja precisamente la alegría.

El presidente ha llamado al orden, a la disciplina y al control. También ha dicho que no es necesaria la alarma. Sin embargo este comentarista si se alarma, no por las cifras de muertos o las imágenes de España e Italia, tampoco por las declaraciones del presidente norteamericano que ya sabemos es incapaz de un razonamiento lógico. Me alarmo cuando percibo en la población una escasa percepción de riesgos, una tendencia al relajamiento y la práctica de pensar que a mí no me va a tocar.

Algunos pasan trabajo para entender que los ancianos y niños no deben estar en la calle, que los menores no están de vacaciones,  que no son tiempos para el dominó, las visitas, las piscinas y las salidas familiares. Algunos se arriesgan al saludo  y los hay más expuestos y llegan al beso, a pesar de las indicaciones.

Cuesta mucho trabajo a algunos cubanos entender que la cuarentena es dentro de la casa. Que si el médico les orientó no salir no es solo para cuidar su salud sino para proteger a los demás.

Aún algunos apuestan por el viaje, y consideran que es un insulto no permitir la entrada de paquetes porque le afecta el traslado de  mercancías  y el engorde de sus bolsillos. Ahora más porque es la oportunidad de que algunas piezas suban de precio.  En ciertos establecimientos no te echan cloro en las manos sino que todos tienen que manipular el pomo con esa sustancia y lo que se arregla por un lado se rompe por el otro.

Alerto. Este no es el dengue en el que algunos se negaban a la fumigación y casi no sucedió nada. Esta no es la peste porcina que resolvió sacrificando la masa de cerdos en el país. Este no es el caracol gigante africano que aún hay quienes ven bonito y no ha causado estragos. Las cifras de muertos en el mundo son alarmantes y a eso se suman los colapsos de los sistemas de salud.

De nada sirve cerrar las fronteras, suspender clases, trabajar desde la casa y realizar campañas de promoción si los receptores son sordos, negligentes y por qué no cabezas duras e indolentes.

El estado tiene responsabilidades, pero el principal responsable por la vida es uno mismo. El estado puede hacer concesiones y cuidar a los ciudadanos pero  el estado tiene límites, hay espacios a los que no puede llegar sino mediante la coerción.

Es entendible que las personas requieran de ETECSA que baje las tarifas, pero el alquiler de la conexión internacional no baja.  No estamos en tiempo de criticar sino de ver que podemos hacer para apoyarnos entre todos.

Incluso conozco personas que consideran que las bebidas alcohólicas resuelven la situación e inmunizan contra este flagelo.  A esos les digo que vale la pena estar sobrios para tomar las medidas y seguir las indicaciones, para enterarnos de las noticias y ayudar a los nuestros. Después solo nos quedará lamentarnos de no haber hecho lo necesario, llenarnos de cargos de conciencia y ni siquiera poder despedirnos de los seres queridos.

 Vale la pena meditar porque aunque parezca una frase trillada a tiempo siempre se gana tiempo, pero este tiempo es hoy. Mañana puede ser demasiado tarde.

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