La vivienda dejó de ser una tragedia

Fidel lo prometió en el Moncada y la Revolución triunfante priorizó un techo a los que nada tenían y hoy a nadie deja abandonado a su suerte. La Revolución logró que la vivienda dejara de ser una tragedia para los más humildes; y constituye en la actualidad una de conquistas más importantes del sistema social cubano.
Antes del 59 la situación de la vivienda en Cuba era tan grave, que Fidel la definió como trágica en las ciudades y en las zonas rurales debido al desinterés de los gobiernos de turno, a los que nunca le interesó como vivía el pueblo.
En esa etapa había en el país más de 400 mil familias que vivían hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud. Pero la peor situación estaba en las viviendas del campo. Existían más de 200 mil bohíos y chozas construidos de yagua y guano, con piso de tierra, sin agua y la mayoría hasta sin letrinas.
Así era entonces, en el campo tener una casa propia de mampostería y placa era un privilegio solo de los ricos terratenientes. Los pobres no podían siquiera soñar con una humilde casita de madera, pues vivían explotados y amenazados por los dueños, a ser desalojados y lanzados al camino real, cuando a estos se les antojara.
Preocupante en esa época era la situación de dos millones 200 mil personas residentes en las zonas urbanas que pagaban alquileres casi por encima de sus posibilidades de pago y dos millones 800 mil carecían de luz eléctrica. De más está decir que contar con Luz eléctrica también era un sueño inalcanzable para la población pobre de nuestros campos.
Para los que vivían en las zonas rurales y carecían de recurso, y me refiero a la mayoría de la población del campo, solo quedaba alumbrar sus oscuras noches con mechones o lámparas de keroseno, que aunque resolvían la situación atentaban contra su salud por el hollín que desprendían.
Después del 59 se construyeron 2 millones quinientas mil viviendas, lo que representa el 75,4 por ciento del fondo habitacional actual del país. Las que estaban en mal estado han disminuido gradualmente, más del 95 por ciento cuentan con suministro de agua y de electricidad. Esta es una realidad que se puede constatar a lo largo y ancho de nuestra Isla.
Aquí en Artemisa por ejemplo tenemos muchas viviendas construidas después del 1ero de enero. Los artemiseños hemos sido muy beneficiados con los programas de construcción. Hoy muchas casas del campo inclusive hasta en los lugares más intrincados, son de mampostería y placa, cuentan con servicio sanitario agua y electricidad.
Sobran los ejemplos que demuestran todo lo que se ha hecho en materia de viviendas en nuestro país, pero a pesar de eso no se ha resuelto aún las necesidades. Es bien conocido por los cubanos que la construcción de nuevas residencias y los arreglos para otras se afectó producto de la agudización del bloqueo económico de los Estados Unidos, la desaparición del campo socialista y la escasez de materiales y otros recursos. Estas fueron las causas por las cuales se detuvo el ritmo constructivo alcanzado en las primeras décadas de la Revolución.
Y por si esto fuera poco en estos últimos años el paso de huracanes por el territorio nacional, afectó a millones de viviendas por lo que se prioriza la recuperación de los hogares dañados según el grado de afectación y en dependencia de la entrada de materiales.
Si esta situación se hubiera dado antes de 1959 el destino de los perjudicados sería bien distinto a lo que hoy se puede ver en todos los sitios que sufrieron los embates de los huracanes.



