La juventud no está perdida

Es común escuchar a los adultos, sobre todos a aquellos que viven un tanto enojados e inconformes con la vida, decir que la juventud está echada a perder. Estos casi siempre olvidan que una vez fueron muchachos y que las grandes revoluciones o cambios en buena medida se deben a jóvenes soñadores que lucharon por un ideal.
Sin embargo, en ocasiones, los jóvenes provocamos esta serie de comentarios cuando no valoramos nuestro paso por la tierra. Y quizás algunos se pregunten cuándo es que menospreciamos la vida, a lo que respondo:
Subvaloramos la existencia cuando desaprovechamos la oportunidad de hacer el bien. Es decir, cuando vamos sentados en una guagua y sube un anciano, una embarazada, una mama con un niño pequeño o un impedido físico y volteamos el rostro para no ceder el asiento o cuando alguien necesita nuestra ayuda para cruzar una calle o cargar un bolso pesado e ignoramos la situación.
Cuando no entendemos que la música alta que nos gusta escuchar molesta a los vecinos o que el cigarro daña nuestra salud y la de los que nos rodean o que arrojar desperdicios a la calle daña el ecosistema, afea el entorno de la ciudad y es una falta grave de urbanidad. Lo peor es que hacemos todo esto sin medir las consecuencias. Con ello afianzamos ese pensamiento de las personas de que la juventud va en picada.
Los jóvenes de hoy tenemos la responsabilidad de concientizar la importancia que jugamos en la sociedad y actuar de acuerdo con ello. Cada actitud de nuestro hoy repercutirá en el mañana. Como jóvenes somos responsables del futuro y de slvar los valores en los que fuimos educados.
Cambiemos la idea preconcebida de que la juventud está echada a perder por la idea de que la juventud cubana crece con principios correctos para ser hombres de bien.



