Sobre las drogas y sus consecuencias

Cuba mantiene una posición vertical y de principios en el enfrentamiento del uso indebido de drogas dentro y fuera del país, entre otras razones porque lo más importante en nuestra sociedad es el ser humano y las drogas llevan a la pérdida de los valores y la integridad de los individuos. Por ello, la prevención se proyecta sobre bases científicas y se enfoca desde el punto de vista del trabajo social y con la familia, teniendo en cuenta que para obtener resultados verdaderamente favorables en esta lucha se deben implicar no solo los técnicos y profesionales de la salud, sino también a la población en general y los sectores relacionados con esta problemática.

El desarrollo de adicciones y el consumo causan estragos severos a la salud, no importa el tipo que sea, todas sin excepción en menor o mayor medida, son responsables de fatales consecuencias, entre ellas, el deterioro mental o conductual persistente, vómitos, lesiones físicas irreversibles, reacciones psicóticas y de pánico, deshidratación, amnesia, coma y convulsiones, dificultades cardiacas y respiratorias, pérdida del conocimiento. Por ello vivir sin ellas es la única alternativa, reflexionemos además acerca de que la prevención también es una solución.

El entorno familiar o social que viva bajo la presión de consumidores de drogas es sin dudas, un escenario de conflictos de inestabilidad emocional y de crisis de valores, todas consecuencias de ese enemigo potencial que denigra al individuo y repercute en todos los niveles de la comunidad cualquiera que sea el tipo de droga.

La drogadicción considerada como una enfermedad crónica y recurrente es altamente peligrosa en sus inicios enmascara los síntomas clínicos y en breve plazo progresa por el grado de dependencia, pérdida de la autoestima, desajustes en la conducta y estilos de vida desencadenantes de complicaciones a nivel personal, laboral y social con tendencia siempre a agudizarse.

Ante tal influencia negativa que siembra la soledad, el desarraigo y el apego a la nada es necesario redimensionar la prevención y resaltar lo trascendental que resulta la percepción de riesgo en el orden personal, así como el accionar de todos los miembros de la familia y la comunidad para la modificación de los factores en pos de lograr responsabilidad personal a partir de estimular la autoestima, revalorizar la conducta con la búsqueda de múltiples razones mediante el apoyo familiar, muestras de afecto, mayor comunicación para transmitir confianza y apego a la posibilidad del cambio.

Es recurrente el mensaje: Con las drogas lo mejor es no empezar, de modo explícito ten presente los riesgos y las consecuencias, por ello la prevención tiene que ser individualizada para elevar la conciencia del problema que nos afecta y sobre todo, se impone educar para evitar que quienes no han consumido drogas lo hagan.