
La llegada del Siglo XXI trajo consigo la masificación del correo electrónico, Google, YouTube, Twitter, Facebook, los USB, los teléfonos inteligentes y… el reggaetón. Según los entendidos este género musical procede del reggae jamaicano –de ahí parte de su nombre– y se desarrolló en Latinoamérica en los años 1970 y mediados de 1980, por la comunidad jamaicana residente en Panamá, artífice de un “reggae en español”.
Fue en Puerto Rico donde se le bautizó con el nombre actual. Michael Ellis, quien lo introdujo en suelo boricua hacia 1988, propuso denominarlo de manera diferente como “algo grande”, de ahí que se le agregara el sufijo “tón” para hacerlo superlativo; pero el reggaetón como lo conocemos hoy, para nosotros los cubanos, no llegó en la centuria pasada sino en los inicios de esta.
En un primer momento la influencia marcada de los propios cantantes puertorriqueños determinó el quehacer de los creadores cubanos en el género. Así surgieron solistas como Elvis Manuel o El Micha y grupos como Gente de Zona, Eddy K, Eminencia Clásica, Clan 537,cuyos integrantes se autodenominaron con apelativos como “Jacob Forever”, “El Insurrecto” “Baby Lores”, por solo citar algunos, iniciandoun rasgo que continua distinguiendo a la gran mayoría de los “reggaetoneros”: la invención de “nombres artísticos” sumamente sui generis.
Desde esos primeros años de siglo, el reggaetón se mostró como vitrina de las zonas urbanas, reflejando patrones de conducta, actividades y hechos relevantes para los creadores en su vida social, amorosa, familiar.
Sin embargo, en la actualidad asistimos a un proceso de verdadera banalización del reggaetón. Si bien desde su inicio, el tema de las relaciones sexuales fue eje central en la “lírica”, en la actualidad ha pasado de ser tratado con desenfado a ser cada día en extremo vulgar.
Personajes como “El Chacal”, “Yakarta”, “Chocolate” o “El Yonqui”, que parecen provenir de un gueto por su ínfimo nivel cultural y harto simpáticos “nombres” artísticos o de una mala película de ciencia-ficción, han ido borrando aquella imagen más favorable dejada por sus antecesores, al basar muchas de sus “canciones” explícitamente al sexo y su consumación, así como a los vicios reprobables de la drogadicción, el alcoholismo o el tabaquismo.
Además de estos “artistas” existen otros como “Los Desiguales” –el Príncipe y Damián– quienesparecían aspirar a diferenciarse del resto por el nombre dado a su unión musical. Si bien son en menor medida vulgares, muestran excesivo apego a elementos de la superficialidad como el más “innovador” corte de cabello, –imitado hasta la saciedad por la juventud–o las ropas de moda o de “marca”, lo que incide también en las desigualdades de la sociedad de hoy.
No se trata de prohibir el reggaetón. A su favor se puede señalar el ritmo –aunque monótono– vertiginoso, ideal para bailar, además de otros creadores que se diferencian positivamente al hacer un reggaetón más cubano, como Gente de Zona, no basado únicamente en la producción computarizada de la música, como la mayoría de los antes mencionados, incorporando una suerte de orquesta y sonidos más autóctonos en algunas de sus canciones.
Se trata de censurar aquellas conductas incitadas por algunos de sus intérpretes, pues el género goza de popularidad en la juventud,por su cadencia sonoray la simplicidad de las letras, susceptibles de ser memorizadas debido a su reiteración exhaustiva, escuchándolas apenas una vez.
Se hace imperativo recordar aquella época del siglo pasado cuando el excelso Faustino Oramas, “El Guayabero” hacía realidad, canción tras canción, la posibilidadde decir muchísimas cosas sin decirlas.