
Entre las cosas que nunca nos sobran en la vida está la salud. Y que lo digan aquellos que han estado enfermos por largos períodos de tiempo, quienes alguna enfermedad les ha dejado huellas o han sentido el padecer de un familiar cercano. Todo parece desmoronarse.
Por eso no importa cuánto hagamos a favor de prevenir, si en nuestras manos está mantenernos libres de epidemias y brotes bien peligrosos para el ser humano.
Por estos días un nombre se convierte en común entre los cubanos, y los artemiseños tenemos más de una razón para repetirlo, Zika.
Somos de las provincias del país, según el más reciente reporte, con elevados índices de infestación del mosquito Aedes aegypti y albopictus, causantes del Dengue, del Chikungunya y el Zika, y la sintomatología es bien parecida, con síntomas febriles y dolores de cabeza, aunque la conjuntivitis y las erupciones en la piel son propias del cuadro clínico.
Así mismo ya contamos con un caso de Zika, que aunque importado, puede aportar a la cadena de transmisión. ¿Por qué preocuparnos?
Cada cual tiene dentro de su casa, centro de trabajo o barrio la respuesta: depósitos de agua sin tapas, otros sin cepillar, vasos de agua espirituales, locales cerrados sin sanear, microvertederos sin recoger, ahí está el criadero perfecto para ese vector, el cual una vez, solo una vez nos pica y podemos lamentarlo toda la vida.
Es esta la oportunidad de atacar al mosquito antes que él nos ataque. El problema, o mejor la solución, es de muchos. Dejemos que el personal capacitado para ello fumigue o dé el tratamiento adulticida necesario en las viviendas, colaboremos para que no haya ninguna cerrada— claro previo aviso de los campañistas—, realicemos con responsabilidad el autofocal, ayudemos al vecino a hacerlo, evitemos los salideros y los depósitos de agua sin las condiciones necesarias. Solo así no volará el Aedes y estaremos a salvo del Zika.
Es tiempo de ocuparnos, para evitar preocuparnos, pues este virus emergente transmitido por mosquitos se detectó en Uganda, a través de una red de monitoreo de la fiebre amarilla selvática. Posteriormente, en 1952, se identificó en el ser humano. Se han registrado brotes de enfermedad por este virus en África, las Américas, Asia y el Pacífico.
Las autoridades sanitarias nacionales de los países afectados notificaron potenciales complicaciones neurológicas y autoinmunes de la enfermedad por el virus de Zika.
Recientemente en Brasil han observado un aumento de las infecciones por este virus en la población en general, en recién nacidos con microcefalia, y el aumento del síndrome de Guillain-Barré, según reseña la web.
Suficientes razones para no dejar que el mosquito viva con nosotros, es tiempo de no tenerle ni la “menor compasión”, al final, una vez más en nuestras manos está la salud, esa que, como la felicidad, nunca nos sobra.