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La victoria fue nuestra desde el principio.

56 años se cumplen de una gesta que marcó al pueblo cubano; el ataque a Playa Girón fue una dura prueba para nuestra gente pues en ella perdieron la vida muchos hijos de esta tierra pero a su vez fue el impulso de una patria que hoy no tiene fronteras. Este es el testimonio de Alfonso Soto Soto, combatiente candelariense que estuvo en la columna #1 al mando del comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Yo conocí a Fidel desde la Sierra pues estuve con él allá arriba, en el escambray; que decir de aquellos tiempos; cuando el ataque a Playa Girón estábamos acuartelados en Cojímar y fuimos movilizados por Fidel que nos dijo: “tranquilos que nos vamos para Playa Girón”, entonces como yo era chofer enseguida me tiré y cogí el primer camión, listo para salir, no hacía falta que Fidel dijera mucho, creía en él y sabía que eso era lo que había que hacer. Cuando me monté el comandante se me acercó y me preguntó si yo sabía dónde quedaba Jovellanos, le dije que sí y me dijo vayan primero para allá y se meten en esa playita, tranquilos allí. Como a las 7 y pico de la noche llegó Fidel, y me dijo: “Guisa, tu coges el camión que va delante y vas para el central y te quedas allí  que vamos atacar Playa Girón por ese punto”.
A las 11 de la noche, llegamos a un punto en que ya se veían los cañones de los mercenarios y nosotros en los camiones nos miramos y supimos que ellos venían a matar a todo lo que encontraran. Cuando empezó el tiroteo sentimos los cañonazos que nos pasaban cerquita. Cuando llegamos ya ellos estaban por desembarcar, tremendo tiroteo. Recuerdo que Fidel se subió en un tanque y le apuntó a la popa del barco y le dio, fue una experiencia inolvidable; Fidel tenía una puntería que para que te cuento, cada vez que apuntaba daba. Al terminar allí el comandante nos llamó y nos dijo: “Aquí ganamos pero todavía nos queda por hacer”. Nos reagrupamos y salimos para Playa Girón.
El combate allí fue tremendo; desde que llegamos fue con la defensa en alto, no dábamos tregua ninguna, no permitimos que tuvieran ni un chance de salirse con la suya. Nos tumbaron un tanque pero no nos frenamos; Fidel siempre estuvo ahí con nosotros, en la primera línea, eso nos daba más fuerzas para seguir resistiendo.
 
Cuando ya habíamos prácticamente ganado Fidel nos informa que había un hombre que estuvo en el ejército de Batista que le decían Calviño que estaba allí y que no podíamos dar por ganada aquella batalla hasta que no lo agarráramos pues era uno de los más malos y asesinos que podíamos tener en suelo cubano, capaz de cualquier cosa, así que había que agarrarlo como fuera. Entonces un amigo al que le decíamos el pinareño y yo salimos a dar una ronda y lo vimos, estaba tirado en una de las ciénagas cubierto de matas, quieto, esperando, le tiramos y lo herimos. Cuando se vio descubierto nos rogó que no lo matáramos y le dijimos que nosotros no éramos asesinos,  que estabas defendiendo nuestra tierra y que lo íbamos a entregar con vida. Salimos y le comunicamos al comandante que lo habíamos  cogido: ahí si el comandante dio la orden de salir, que ya habíamos ganado, que era nuestra la Playa y la victoria. Fueron momentos duros de verdad, pero confiábamos en Fidel, con él había que hacer las cosas bien, porque le gustaba todo derechito, pero nos daba ánimos cuando todo estaba difícil, eso creo que fue lo más importante para ganar aquella lucha.
HM: Para Alfonso la mayor dicha de su vida fue conocer a Fidel; con él estuvo desde el Escambray; en su memoria están vivos todos esos espacios donde el comandante se hizo presente; al rememorar cada momento, las lágrimas hacen suyos el silencio que precede a la admiración.
Alfonso Soto: Fidel fue para mí más que mi padre. Yo era un analfabeto cuando lo conocí en la Sierra y me enseñó que para defender a la patria no hace falta ser licenciado o tener estudios, solo llevar por dentro esa convicción de querer a la revolución. Con él aprendí que cuando se quiere se puede, que no basta decir yo soy revolucionario, hay que demostrarlo con hechos. A veces escucho a muchos decir tantas cosas negativas y pienso que es porque no vivieron esa época donde el fusil nos acompañó y donde no teníamos ni derecho a levantar la voz porque éramos como perros para los americanos. Esta tierra, esta revolución, tenemos que cuidarla, como nos dijo Fidel, tenemos que saberla nuestra, que es parte de nuestra sangre y de quienes somos. Esa es la mejor forma de honrar al comandante, no sintiendo miedo de darle el frente a lo que venga y sabiendo que Cuba es para los cubanos y le toca a los jóvenes conservarla como a nosotros en aquel tiempo nos tocó salvarla.

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