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Memorias que no abandonan a Dionisio

Dionisio Madera Romero

Con más de sesenta años dedicados  a la instrucción, la defensa  de la Patria y al internaciolismo, este combatiente rememora parte de su trayectoria. ‘’Quien le iba a decir a un guajirito pinareño que la vida le tenía reservado un premio tan grande. Son memorias que nunca me han abandonado’’

Fueron las primeras palabras de Dionisio Madera Romero en una esperada y anunciada entrevista, estimulada por Eduardo, un ferviente conocedor de parte importante de su trayectoria.

¿Quién era ese guajirito?

Precisamente quien le habla. Nací y me crié en una finca, en Isabel María, ubicada en un lugar conocido por Guanito, en el kilómetro 23 de la carretera a Luis Lazo, en la provincia de Pinar del Río, lugar al que  cada vez  que puedo retorno. Por mi movilidad por varias unidades militares, hace muchos años me asenté aquí en Guanajay, donde he formado mi familia y he continuado mi labor como militar, ahora jubilado y ciudadano agradecido de mi país.

¿A que dedicó los primeros años de su vida?

A trabajar en el campo hasta que triunfa la Revolución. A partir de ese momento todo comienza a cambiar y al solicitar la participación de la población en las primeras medidas populares, que desde el inicio se ponen en práctica para el beneficio de todos.

Puedo decirle que no perdí tiempo en participar en cuanta tarea se convocaba para apoyar las medidas que se comenzaban a aplicar por la Dirección del país.

 Tuve el alto honor de ser subordinado del comandante del Ejército Rebelde, Antonio Sánchez Díaz, Pinares, en las primeras acciones para organizar lo que sería el preludio de la defensa armada de la Revolución. Estuve movilizado por varias unidades y lugares de entrenamiento, hasta convertirme en instructor de armamentos. Es decir que comencé adiestrar soldados y milicianos en el uso de las armas con que se contaba en aquella época, me refiero al fusil M-52,que popularmente le decíamos Checos, porque procedían de la entonces República Socialista de Checoeslovaquia y  más adelante con los Fal 7,62 mm, que eran más modernos. Los primeros fueron utilizados en la Segunda Guerra Mundial. El Fal, mucho más efectivo, también se empleo en los finales de la guerra.

¿Recuerda algún momento destacado de esos años?

Tengo muchos pero  me referiré a uno, que para mi fue significativo y que está relacionado cuando el Comandante en Jefe, viene a Pinar del Río para organizar la estrategia de la Revolución para enfrentar  las bandas contrarrevolucionarias y se reúne con los hermanos Malagones. Ese momento histórico es el que da inicio a la  formación de las milicias que enfrentarían a las bandas que ya operaban en distintas provincias.

Yo fui uno de los seleccionados para adiestrar a los Malagones en el uso del armamento. Es algo que no puedo olvidar, porque ellos cumplieron con el compromiso contraído con Fidel, de capturar a los alzados que asolaban a las poblaciones asaltando y asesinando, sin escrúpulos a los residentes en zonas de la provincia pinareña. 

A partir de aquella experiencia fue  larga mi participación cumpliendo esas funciones. Ejercí como instructor en  numerosas unidades militares pertenecientes al Ejército Occidental, incluso en la fundación de  algunas…

Figúrese son casi 80 años incorporado a cuanta tarea me ha convocado la Revolución y las Fuerzas Armadas Revolucionarias…

¿Qué nos puede decir de su participación en actividades de las FAR?

Bueno también puedo decirle que han sido muchas. De ellas está mi participación en las acciones de Playa Girón, siendo un adolescente, formando parte de una unidad dirigida por el comandante del Ejército Rebelde Filiberto Olivera…

Mis experiencias como instructor de armamentos prácticamente nunca las abandoné. Las ejercí en el Centro de Preparación de Especialistas Menores, del Ejército Occidental; fui Jefe de Compañía; cuando se fundaron  las Tropas Territoriales. Estuve presente en numerosas maniobras, ejercicios y entrenamientos combativos…

A  partir de 1975, formé parte de los contingentes de internacionalistas cubanos que combatieron en Angola, donde permanecí por dos años. Fue mi segunda misión combativa al África. Aproximadamente diez años antes, estuve en la entonces república del Congo Brazzaville…

¿A qué premios se refería al inicio de la conversación?

Hay tres momentos verdaderamente inolvidables en mi vida, que los considero los mayores premios que he tenido. Los frecuentes encuentros con el Che, primero en Pinar del Río, cuando la Crisis de Octubre; en el campamento de Managua, donde radicaba la Jefatura del Ejército de Occidente, que así era como se nombraba en aquellos primeros años y después en el Congo.

Tuve el altísimo honor de ser seleccionado con  otros compañeros para viajar a ese país, unos cuantos días antes que el Che, con el fin de explorar un tanto el lugar elegido y adentrarnos en la selva. Tenía unos veinte años, allí responderíamos a otros nombres acorde con el lenguaje que se empleaba en aquel territorio. A mí me identificaron con el nombre de cabo  Dwala. El resto respondería por ejemplo: Sandalio Lemus,(soldado Anchali), Luis Díaz,(soldado Anibal),Pablo Barbero,(cabo Sito),con su hermano gemelo Pedro (cabo Saba),ya fallecido, Catalino Olachea, (teniente Mafu), Santos Duquesne,(soldado Dukuduko) y Osvaldo Izquierdo, también fallecido,(soldado Hanesa).Ninguno habíamos viajado al extranjero, recuerdo que muy bien vestidos de civil pasamos por Luanda, capital de Angola y después por Tanzania, en lanchas atravesamos el lago Tanganika, hasta llegar al lugar destinado. De ahí, a la selva…

En esas circunstancias, tan especiales, qué impresión le causó el Che

Era un hombre de mucha cultura y muy exigente. Había que entenderlo y hablarle claro. A mí nunca me llamó la atención. Recuerdo que todo comenzó en las lomas de Pinar del Río, donde se desarrolló un fuerte entrenamiento con una tropa formada por unos 500 combatientes, todos de la raza negra. Al frente estaba el comandante Víctor Dreke, quien fungiría como el segundo jefe de la columna. Esto sucedía en los primeros meses de 1965, del pasado siglo. Allí estuvieron Fidel y Raúl Castro, que entonces era el ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Era el proceso de preparación del grupo de cubanos que partiría hacia el Congo a cumplir una misión internacionalista en ese país, que en la actualidad se denomina República Democrática del Congo. Esta experiencia realmente fue arriesgada y difícil, cuestiones que el Che  las explica claramente en el diario que escribió.

La figura del Che, cuando lo vimos nuevamente, ya en el Congo, estaba transformado. La cabeza rasurada y sin barba. Una imagen similar a la que vimos después en Bolivia.

¿Cuáles son los  otros momentos que no puede olvidar?

Fui uno de los seleccionados para trabajar en un proyecto  agropecuario que dirigía Celia Sánchez, en una finca ubicada en Managua, en el que se desarrollaba un plan de recría de ganado criollo. Hice todo tipo de labor que se exigiera. Fue un privilegio trabajar con ella. Llegaba temprano en la mañana y se retiraba alrededor de las cinco de la tarde. Estaba siempre pendiente de todo. Me mantuve unos dos años hasta que me plantearon otra tarea. Tenía poco más de veintiún años cumplido y me habían otorgado la militancia en el Partido Comunista de Cuba.

El tercer momento fue cuando nos recibió el Comandante en Jefe, junto a dirigentes del Partido, el gobierno y las FAR después de regresar de la misión en el Congo, ocasión que fuimos ascendidos  al grado inmediato superior y también se impusieron condecoraciones. Creo que en una vida tan larga-como la mía- llena de tanta trayectoria, estos son por su relevancia, los que considero más importantes. Fidel también nos despidió en el aeropuerto cuando partíamos a cumplir la misión.

Y después, a qué otras actividades ha dedicado sus conocimientos, experiencias y esfuerzos…

No he dejado de colaborar en cuanta actividad se me ha planteado por la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana. He visitado escuelas, bibliotecas, organizaciones de base de la ACRC, del Partido, la UJC, del Inder, incluso en Centros Penitenciarios, en conversatorios y encuentros para conmemorar fechas históricas. Mientras, la salud me acompañe seguiré aportando en lo que pueda en defensa de los logros y las conquistas de la Revolución.

De Dionisio, algo más que agregar

El encuentro-en su casa- resultó casi familiar, muy cercano a diciembre, mes que marca el día de su cumpleaños y en el que estuvieron presentes Isabel, su esposa, Ana Irma, Yosvani, sus hijos, sobrinos, nietos y el cercano y fraternal amigo, Eduardo Rodríguez Mesa, principal promotor del contacto que pidió permiso para decir algo:

‘’Dionisio es un hombre muy modesto que nunca ha pedido nada. Ha dedicado su existencia ha cumplir con honestidad las tareas que le han encomendado. Es un cubano que ha sabido ubicarse en el momento adecuado que le ha correspondido.

‘’En el terruño donde se crió en Guanito, improvisaba y cantaba punto guajiro, no se perdía fiesta donde pudiera bailar, por supuesto sin abandonar su inseparable  breva de tabaco elaborado a mano, como es tradicional en las vegas  de Vueltabajo’’

Dionisio se jubiló en el año 1985, del pasado siglo, posee más de 60 condecoraciones y una respetable cantidad de estímulos y reconocimientos otorgados por numerosas instituciones, entre las que sobresalen del Consejo de Estado, las FAR, el Partido; una de la más recientes de Hijo Distinguido, que entrega la Asamblea Municipal del Poder Popular en Guanajay.

Las casi cinco horas que duró el encuentro, no fueron suficiente para abordar todos los aspectos que conforman la amplia y rica trayectoria de este incondicional soldado de la revolución cubana, a quien habrá que retornar para continuar profundizando en  otros momentos que no pudieron ser incluidos en este primer encuentro. Por supuesto que volveremos. Dionisio lo merece.

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