“Reparador de sueños”
No estudió magisterio pero tal pareciera que lleva la profesión en cada uno de sus poros. Varios son los muchachos que lo siguen, y en su taller se han hecho y hacen grandes. Y como si hubiera escapado del tema de Silvio, cualquiera pudiera pensar que Rafael es un “reparador de sueños”.
Desde la entrada, la bandera, un pequeño busto de Martí, el escudo, la pizarra, la foto de Abel Santamaría (el mártir que le da nombre a este espacio que desde hace algún tiempo se convirtió en aula anexa) y hasta una mesa, y tres bancos enumerados, se hacen cómplices del entorno, de cada una de las piezas.
Pero, sobre todo, llama la atención la organización del taller -ubicado en el consejo popular José Ramón López Peña, en San Cristóbal-, que cada área o elemento sea identificado con su nombre. Al parecer a Rafael González no se le escapa ni el más mínimo detalle, de ahí, que incluso, le agradara que lo tildara de “quisquilloso”.
En esta tarea no se encuentra solo, la profe Anelys Ortiz, tiene una gran responsabilidad en el funcionamiento del aula anexa de Chapistería, la única de su tipo concebida en el municipio; mientras, su esposa Maricela Martínez, es su mano derecha y una madre más para los 19 estudiantes de segundo año de la referida especialidad, que cursan estudios en el Instituto Politécnico Batalla de El Rubí, y desde el curso anterior están vinculados al taller.
Según Lidia Caridad Bazar, la directora de la institución educativa, “cuando se abrió la carrera, acudimos a él, quien no puso pero alguno para asesorar a los muchachos”. “Acepto la propuesta porque previamente había sido instructor en la Reconstructora. Me gusta enseñar, compartir mis conocimientos. Comienzo en el 2010, atendiendo a tres alumnos en el período de prácticas; en ese momento trabajaba en el Centro de Inseminación Artificial y se me concedió un permiso especial para darles clases a los muchachos. En el curso siguiente asumí a otro grupo de más de 15 educandos”, agrega Rafael, quien desde marzo del año pasado es trabajador por cuenta propia, en la modalidad de soldador.
Lunes y martes los estudiantes asisten a la escuela y de miércoles a viernes permanecen en el taller. Trabajan por un plan de rotación, lo cual les permite laborar en las diferentes áreas, como la de corte y trazo, corte de la guillotina, la dobladora, soldadura autógena, soldadura eléctrica, y martillado y cepillado.
Los estudiantes se guían además por una carta de instrucción. “La clase práctica tiene cuatro fases (organizativa, introductoria, ejercitación práctica y final). Les medimos organización, disciplina, independencia y calidad del trabajo”, manifiesta Anelys, quien es la profesora guía del grupo.
“Rafael demuestra la actividad de forma lenta, normal y rápida; se hace un mismo trabajo varias veces. Cuando los estudiantes comienzan la ejecución práctica, ambos miramos lo que hacen, si hay varios estudiantes que desarrollan algo mal se detiene la práctica las veces que sea necesaria, hasta que aprendan.
“No puede haber perfección cuando no hay práctica, y para los estudiantes es fundamental tener la posibilidad de emplear los instrumentos de chapistería disponibles aquí, y desarrollar habilidades. Las cosas que se realizan en la práctica no se olvidan, y al mismo tiempo aprenden los conocimientos teóricos”, precisa.
Hasta el tiempo libre muchos lo dedican al taller; incluso, en la casa de la profesora y en la de Rafael se quedan habitualmente quienes viven un poco distantes.
“Aportar mis conocimientos a las nuevas generaciones es gratificante. Me roba tiempo el esfuerzo que tengo que realizar con los estudiantes, pero a la vez me siento muy satisfecho”, plantea el profesor instructor.
El taller ha sido visitado por varias personas, quienes se acercan para conocer la experiencia. Además en cualquier obra de la comunidad, donde requieran de los servicios de Rafael, pueden contar con estos, de forma gratuita. De ahí que en una carpeta atesora disímiles diplomas de reconocimiento, entre estos, el otorgado por el círculo infantil Basilio Caraballo, y por la Unidad Básica de Alimentos San Cristóbal (debido la transformación de la sobadora de la panadería), y otros tantos.
Por otra parte, es el único trabajador por cuenta propia del municipio que tiene contratos con empresas (12) de este lugar.
Varios estudiantes se quieren quedar en el taller a hacer las prácticas, pero solo pueden dejar tres o cuatro porque en este mes entran estudiantes de primer año de la carrera, pues siempre tendrán estudiantes en formación. No obstante, les darán seguimiento donde quiera que sean ubicados.
Adriel, es del consejo popular Fierro, y casi vive en el taller, esa es su otra casa, e Iroel afirma que ha aprendido muchísimo, “lo que nunca había visto, lo he presenciado aquí. Aprendí a soldar eléctrico, autógeno, doblar las chapas, cortarlas, confeccionar piezas, distinguir los instrumentos….”.
De la misma forma, Yoanky, y Dany Daniel expresan su satisfacción, y Yusiel comenta entusiasmado que cuando se gradúe pretende abrir un taller “ya tengo algunos instrumentos y algunos de mis compañeros de aula podrán ser mis ayudantes. Los conocimientos que domino me ayudarán a alargar la vida útil de los vehículos, entre otras actividades. De esa forma, también se protege la economía del país”.
A esta altura del curso, ya tienen un sinnúmero de habilidades profesionales vencidas, gracias a la guía y voluntad de sus maestros y al tesón con que han permeado cada tarea. Y aún cuando pasen los años, difícilmente olvidarán el lugar donde vieron crecer sus sueños.




