
Klych López estudió «una temporadita larga» en la Escuela Internacional de Cine y Televisión, ubicada en San Antonio de los Baños. Conocedor del aire habanero, el director de la serie La Ronca de Oro, trasmitida por la televisión nacional con gran aceptación, trae al público del Festival su primera pelÃcula Siempreviva. Durante nuestro encuentro pudimos dialogar sobre temas diversos como su reciente pelÃcula, sus próximos proyectos y la Ley de Cine en Colombia. Quizás sus sugerencias nos ayuden...
¿Primera vez con un filme en La Habana?
SÃ, y está muy «chévere» haber cerrado el cÃrculo con una pelÃcula y mostrarla en el lugar donde me preparé en guion y donde venÃa a ver cine cuando estudiaba en San Antonio de los Baños.
¿Cuánto de lo aprendido en la EICTV está en el filme?
Mucho. Siempreviva tiene ese «tumbáo», esos rasgos propios de los caribeños, especialmente los colombianos y los cubanos: la forma de vivir, la cotidianidad, saborear la comida, relacionarnos con la gente. Existen muchos puntos en común entre Colombia y Cuba.
La cinta es una producción independiente, ¿poco apoyo del estado?
No. Colombia tiene una Ley de Cine muy importante que crece cada dÃa. Sin embargo, hay ciertos temas –como el caso de Siempreviva– que son muy difÃciles de manejar y financiar. Al abordar temas polÃticos delicados, ninguna empresa –al menos con eso chocamos–, se querÃa comprometer. La situación del Palacio de Justicia en Colombia es algo que no se ha cerrado por completo. No hay verdades ni conclusiones. Además de ser independientes en el cine, creo que es muy importante serlo también en la búsqueda para realizar un proyecto.
¿Siempreviva sufrió esos avatares?
SÃ, y otras cintas también. Pero los realizadores debemos hacer resistencia ante eso y abrirnos camino. Falta mucha cultura cinematográfica en Colombia.
¿El actual gobierno cuánto ayuda?
El tema no es de un presidente sino de algo que viene de atrás, cuando inició el camino de la Ley de Cine, una de las leyes más completas de Latinoamérica; hasta los franceses hablan de eso.
Y, ¿cómo avanza el diálogo entre los realizadores de cine colombianos?
Avanza mucho mejor, somos más solidarios. Estamos al tanto de los colegas y nos apoyamos también en nuestras decepciones taquilleras.
Varios realizadores todavÃa no se desprenden de algunas temáticas como, por ejemplo, en Colombia el conflicto sobre el narcotráfico. ¿Te separas de esos tópicos o te unes al club?
Las temáticas en Colombia en este 2015 han sido tan distintas a lo que usted llama cliché. No han sido sólo narcotráfico, Pablo Escobar... Tienen que ver más con la cotidianidad y cómo la guerra sà influye en la vida de un colombiano. El caso de pelÃculas como Siempreviva toca temas mucho más individuales en un paÃs en guerra durante 60 años. Es muy complicado –aún cuando uno no caiga en ese cliché polÃtico narrativo– salirse de eso. Las pelÃculas en Colombia van a tener que mostrar esos temas durante mucho tiempo.
¿Seguirás tras esa lÃnea o cambiarÃas el discurso en la medida que encuentres otras historias?
Tanto en la televisión –que es donde generalmente trabajo– siempre manejo temas de conflicto y eso se refleja en series como Correo de Inocentes, muy vista en Latinoamérica, La promesa, que habla de la trata de personas, la esclavitud del siglo XXI... Siempre nos movemos en esos temas porque me siento más cómo en lo social.
Ese salto de la televisión al cine...
VenÃa del cine haciendo documentales y cortos. Estuve en la publicidad un tiempo y, de ahÃ, salté a la ficción para la televisión y, luego, la vuelta al cine es la posibilidad de decir cosas que no se pueden decir en la TV.
¿Por qué?
La televisión tiene ese sentido de entretenimiento en paÃses como Colombia, Brasil, Ecuador, Argentina. Una familia en un paÃs en guerra lo que quiere es prender la TV y no ver lo mismo que le dicen las noticias. De ahà que se entienda por qué muchos proyectos de la televisión en paÃses latinoamericanos tienen que ver con el entretenimiento. Aunque creo que el entrenamiento merece reflexión y es mejor despertarla, apretarnos el cinturón en las taquillas y causar hipótesis, hacer meditar sobre temas, algunos muy potentes.
Después de Siempreviva, ¿qué viene?
Justamente estamos trabajando en la adaptación de un libro del escritor colombiano Jorge Enrique Botero. Es posible que la pelÃcula se llame El verde mar del olvido y presenta a esas personas que están secuestradas y olvidadas en la selva, y una historia de amor muy fuerte entre quienes están allá adentro. Va a tener que ver definitivamente con el conflicto pero, sobre todo, con la cotidianidad de la emoción y del amor.