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Un palacio entre las nubes para orgullo de Artemisa

Un palacio entre las nubes para orgullo de Artemisa

El Palacio de Rubens se encuentra ubicado en la  meseta que se conoce como la Loma de la Vigía,  a una altura de 83 metros sobre el nivel del mar y su estilo es ecléctico. Se compone de cuatro pisos con un patio interior. No existe en Cuba otro palacio con estas características.

La construcción de este inmueble se realizó entre los años 1905 y 1908, por orden de Horacio Rubens, quien tenía la intención de ubicar  en él lugar un Casino de Juegos. La idea del Casino no prosperó. Al parecer el gobierno no estuvo de acuerdo y el palacio permaneció cerrado durante varios años.

Ante la negativa, Rubens decide vender el palacio a la señora Claudia Lamar, una mujer acaudalada con residencia en el Vedado. La nueva dueña tampoco le dio uso al inmueble y  el palacio pasó a las manos de un patronato que pretendió utilizarlo como hospital de leprosos. Pero los problemas con el agua en el lugar no permitieron que la propuesta se concretara y el hospital terminó construyéndose en los predios del Rincón, en Santiago de las Vegas, donde todavía existe.  Esto sucedió en el año 1912.

También en ese año se funda la Marina de Guerra Nacional, y ante la necesidad de un local para capacitar al personal, el Capitán de Navío Julio Morales Coello recomienda al Presidente de la República, Mario García Menocal, utilizar el Palacio de Rubens, que se encontraba en desuso.

Se desconoce si la adquisición del palacio para convertirlo en academia fue mediante compra o confiscación. Lo que sí consta en los libros es que el día veintiocho de enero de 1916, el gobierno ocupa el palacio y comienzan a realizarse las adaptaciones necesarias para comenzar las clases a principios de 1917.

Dos décadas  más tarde se construyen nuevas edificaciones alrededor, como ampliación de la escuela y una escalinata de 264 escalones y 12 descansos. Una barrera arquitectónica que le da un toque singular a la edificación.

La  Academia Naval radicó en este lugar hasta 1977, y el edificio vuelve a quedar en desuso.  En el año 2000 pasó a manos del  Poder Popular de Mariel.

En estos momentos, aunque el palacio sigue siendo majestuoso por su belleza y su ubicación,  se encuentra en mal estado, debido al abandono y el maltrato de los últimos años. Aún en estas condiciones, impresiona y es un orgullo para los pobladores.

Cuentan los marieleños que en una ocasión el cónsul de Francia visitó el palacio de Rubens  acompañado de su hija. La joven manifestaba especial curiosidad por el Museo Marino que había en la Academia del Mariel. Durante la visita la muchacha se quedó sola  en el Balcón que da a la Bahía.

Se dice que era una mujer joven y bella, que contemplaba el paisaje del cielo de Cuba y la bahía local. La dejaron allí por unos minutos y cuando retornaron, se encontraron a la dama llorando.

El padre asustado le preguntó qué le sucedía, cuál era el motivo de su llanto, a lo que ella contestó que aquel paisaje era el más hermoso que había visto en su vida a un punto que ya no quería visitar el Museo sino seguir contemplando aquel panorama  de belleza única.  

El Palacio de Rubens tiene una imagen y diseño parecidos  a los  castillos de los cuentos de hadas. La edificación posee cuatro torres en su azotea, una en cada esquina y  portales alrededor del edificio.

El eclecticismo de su construcción se mezcla con una combinación de los estilos  árabe, francés y español. Tiene múltiples puertas, ventanas, escaleras, columnas y un bello arco que da al gran patio interior.

Por corrimientos de la loma, debido a las  grandes lluvias, la escalinata de doscientos 264 escalones está casi destruida, pero el palacio se mantiene en buenas condiciones, incluyendo los cimientos y la estructura. Uno de los principales factores que promueven este deterioro es la desforestación del área circundante.

Los deslaves y deslizamientos de tierra comenzaron a producirse  cuando las personas talaron la vegetación de la ladera para utilizar la madera en la cocina.

 Incluye también la finca de Monteverde, donde su dueño, un norteamericano llamado Don Jaime Guillespié, había colectado plantas y árboles durante sus viajes alrededor del Mundo convirtiendo el lugar en uno de los más bellos por la cantidad de arboles exóticos y el tipo de vegetación que tenía.

El  Palacio de Rubens es una joya de la arquitectura en nuestra provincia. Algo debemos hacer para detener su erosión porque corremos el riesgo de perder este importante inmueble que nos remonta a un pasado distante y añade al entorno marieleño un toque de distinción y belleza.

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