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El 17 de septiembre de 1958: Mueren Lydia Doce y Clodomira Acosta

El 12 de septiembre de 1958 fue un día tenebroso para dos humildes mujeres cubanas. En esa fecha decenas de esbirros, montados en autos patrulleros, fueron conducidos por un delator, a un edificio de la calle Rita, en el reparto Juanelo, en La Habana.

Allí se escondían Lidia Doce y Clodomira Acosta Ferrals, revolucionarias vinculadas a la lucha en la Sierra Maestra. También se encontraban en aquel inmueble sus compañeros de ideales Alberto Álvarez, Reynaldo Cruz, Onelio Dampiel y Leonardo Valdés.

La tiranía de Batista estaba a la caza de ellos por el secuestro de la Virgen de Regla y el ajusticiamiento del chivato Manolo Sosa (Manolo el Relojero). En este último acontecimiento habían participado Cruz y Álvarez.

Los cuatro combatientes resultaron acribillados salvajemente ese 12 de septiembre. Reynaldo recibió nada más y nada menos que 52 balazos, según se pudo comprobar luego en la morgue.

Mientras, las dos mujeres fueron sacadas a la fuerza y transportadas sucesivamente a dos estaciones de policía. A partir de ahí recibieron incontables torturas, imposibles de describir.

Un guardaespaldas del tristemente célebre Esteban Ventura Novo, contó en el juicio que se le seguiría en 1959 que una gran cicatriz de su hombro la debía a una mordida de Clodomira, quien defendió de manera valiente al extremo a Lidia mientras maltrataban a esta. Ese sicario se apellidaba Caro y mereció la pena capital en aquel proceso.

“El día 13 de septiembre –narró el matón- Ventura las mandó a buscar conmigo (…) Al bajar del sótano que hay allí y empujarla Ariel Lima, Lidia cayó de bruces y casi no se podía levantar por lo que este la golpeó con un palo, los ojos se le saltaron al darse contra el contén de la escalera. Clodomira me soltó y le fue arriba a Ariel arrancándole la camisa y clavándole las uñas en el rostro, traté de quitársela y entonces se viró y saltó sobre mí (…) tuvieron que quitármela a golpes”.
Dos días después de la detención; es decir, en la noche del 14 de septiembre de 1958 el jefe de servicio de Inteligencia Naval, Julio Laurent convenció a Ventura para que se las entregara. Este Laurent era un criminal conocido pues había tenido un papel muy activo en los asesinatos de los expedicionarios del Granma, dispersos luego de Alegría de Pío (diciembre de 1956).

El sicario las maltrató extraordinariamente para que “cantaran”. Como ninguna de las dos habló, las introdujo en unos sacos de arena, las montó en una lancha y las hundió en el mar.

A Lidia llegaron a sumergirla dos veces, la última casi sin vida. Clodomira murió un rato después.

Todo apunta a que, como señala el luchador clandestino compañero de lucha, Gaspar González-Lanuza, fallecieron el 15 de septiembre de 1958, aunque algunos historiadores exponen que fue el día 17.

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