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Yara: Un grito que aún resuena

Artemisa, Cuba -El 10 de octubre de 1868 los treinta y seis mártires del deber reunidos en La Demajagua escucharon la voz de Carlos Manuel de Céspedes:

El soldado del deber no debe permitir, que la aurora lo sorprenda en su lecho.
Los hombres se armaron allí mismo, en el batey del ingenio. Al frente del grupo se colocó el patriota Emilio Tamayo con la bandera que habían confeccionado horas antes. Luego Céspedes, con esa forma de hablar casi poética les dijo:

¡Soldado de la independencia! el sol que ves asomar por encima de la Sierra Maestra, viene a alumbrar con su gloria el primer día de la libertad de Cuba.

Ese día Céspedes nombró a Bartolomé Masó, segundo jefe de las fuerzas libertadoras. Tenía toda la confianza en que Masó sería un buen relevo en as de que el pereciera en la contienda.

El resto del día diez lo emplearon los patriotas preparando sus armas y el limitado parque de municiones. Se exploraron los alrededores. Céspedes y Bartolomé Masó dieron los últimos toques firmando un manifiesto donde se daba a  conocer al mundo la causa que impulsaba a los cubanos a levantarse en armas contra los españoles.

En la madrugada del diez al 11  partieron del ingenio La Demajagua. Pasaron por San Francisco, El Rosario, San Luis y en Palmas Altas hicieron alto para acampar. Allí Céspedes les dio la libertad a sus esclavos.

A las cuatro de la tarde reiniciaron la marcha hacia Yara. Una legua antes, en Caobita, hubo una pequeña escaramuza.

Desde Caobita  envió Céspedes dos oficiales con la orden de entrevistar al capitán del partido de Yara para que se rindiera a discreción. El oficial solo contaba con cuatro salvaguardias para su defensa y respondió sometiéndose.

De los 120 hombres solo 36 iban armados y Céspedes entró confiado en Yara,  pensando en apertrechar a sus tropas con brazos dispuestos a dar pelea al gobierno español por la libertad de Cuba y hacerse de parque para sus soldados.

Pero la llegada de una columna española del regimiento de la corona solicitada a Bayamo convirtió lo que iba a ser el primer triunfo de las armas cubanas en su primer desastre. A las 8 de la noche los cubanos entraron en la plaza del pueblo sin saber que 100 infantes armados y 25 hombres de caballería esperaban escondidos una señal. Cuando se escucho el grito de ¡Viva Cuba libre! Una lluvia de fuego cayó sobre los patriotas.

Los mambises retrocedieron sorprendidos. Solo algunos intentaron resistir hasta retirarse sin ser perseguidos. Solo 12 hombres se reencontraron luego del suceso y entre ellos se escucho el rumor de que todo se había perdido. La voz de Carlos Manuel de Céspedes se escuchó clara:

¿Quién dijo eso? ¡Aún quedamos doce hombres, basta para hacer la independencia de Cuba!
Los cubanos se reagruparon y se les unió el patriota Luis Marcano con un grupo de 300 hombres. De inmediato, Céspedes ordenó marchar otra vez contra Yara pero los españoles habían evacuado el pueblo y se marcharon en dirección a Manzanillo.

Los mambises se organizaron en el pueblo desierto y la guerra continuó. Marcano asumió responsabilidades en el mando de las tropas. En Yara se demostró el empuje de los cubanos y la disposición para entregar la vida por la libertad. El grito de Viva Cuba Libre fue tan grande que todavía resuena en nuestros oídos.

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