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El discípulo preferido del apóstol

Artemisa, Cuba.- Gonzalo de Quesada y Arostegui fue una de las figuras principales de la llamada Guerra Necesaria de José Martí y uno de sus más fieles colaboradores. Mucho se puede decir sobre la historia de este hombre que se ganó el seudónimo de discípulo preferido del apóstol. No sabría Gonzalo admiraba mucho al maestro.  Hijo de emigrados cubanos, desde muy joven se fue con sus padres a vivir a  los Estados Unidos.

Comenzó a frecuentar los clubes y reuniones de emigrados y conoció a aquel hombre. La amistad se hizo grande, al punto de que el poeta de la rosa blanca le confiara  su testamento literario.

Gonzalo de Quesada y Aróstegui y Martí se conocieron en una reunión, el 10 de octubre de 1889. De Quesada había pronunciado un patriótico discurso en el Hardman Hall, de Nueva York y le tocó presentar al Delegado en la fiesta conmemorativa del inicio de la Revolución del 68.

La relación creció en los años siguientes y en el 81, cuando Martí se dedicó  por entero a la labor de la independencia de Cuba, Gonzalo renunció al puesto que le ofrecían de cónsul de Argentina en Filadelfia, para ponerse a su lado dedicándose a la propaganda revolucionaria.

De Quesada había estudiado  en el City College de Nueva York antes de graduarse de la Universidad de Columbia. En el año 1891 se graduó de abogado en la Universidad de Nueva York. En Tampa y Cayo Hueso participó en la fundación del Partido Revolucionario Cubano y Martí lo nombró  secretario de la Delegación. En ese cargo cumplió diversas misiones.

Luego del fracaso del Plan de la Fernandina, el ánimo de algunos cubanos en el exilio decayó un poco. Martí encomendó a Gonzalo de Quesada que recorriera las poblaciones de la Florida para animar a los compatriotas.

Fue reconocido por la emigración cubana. El Cuarto Cuerpo de Las Villas lo eligió como representante a la Asamblea de Santa Cruz, a cuyas sesiones no asistió por encontrarse desempeñando sus funciones en Washington.  Luego ocurrió un suceso que no se esperaba. La Asamblea de Representantes en el Cerro, acordó destituirlo del cargo de encargado de negocios.

Los representantes alegraron que Gonzalo no era merecedor de su  confianza debido a que había viajado a Cuba sin su consentimiento, para acompañar a un emisario de Estados Unidos a la Isla. El viaje  fue real y tuvo como objetivo entrevistarse con Máximo Gómez para convencerlo de la conveniencia de aceptar el empréstito de tres millones de dólares ofrecidos por el gobierno norteamericano para el licenciamiento del Ejército Libertador.

El 15 de septiembre de 1900 de Quesada fue electo para representar a la provincia de Pinar del Río en la Asamblea Constituyente, donde defendió la conveniencia de aprobar la Enmienda Platt. Ocupó el cargo de embajador en Estados Unidos  y desde allí gestionó el Tratado de Reciprocidad Comercial entre ambos países, que al entrar en vigor resultó ser la oficialización de la dependencia económica de Cuba a la potencia del norte.

Martí partió hacia Cuba y Gonzalo quedó frente a todo hasta que se designara al nuevo delegado, Tomás Estrada Palma. En ese momento se concentró en la batalla por que los cubanos  tuvieran derecho a la soberanía sobre la Isla de Pinos.

Horas antes de emprender su regreso a Cuba, el 1 de abril de 1895, desde Montecristi, República Dominicana, Martí redactó una carta con indicaciones y sugerencias acerca de la posible publicación de su variada y múltiple obra escrita, dirigida a quien la conocía al detalle:  A Gonzalo de Quesada y Aróstegui. Así dice el apóstol:

Gonzalo querido… De mis libros no le he hablado. Consérvelos, puesto que siempre necesitará la oficina y más ahora, a fin de venderlos para Cuba en una ocasión propicia, salvo los de Historia de América, o cosas de América, geografía, letras, etcétera, que usted dará a Carmita a guardar, por si salgo vivo, o me echan, y vuelvo con ellos a ganar el pan”.

La cercanía de Gonzalo y el apóstol era tan grande que el mismo Martí, en su llamado testamento literario reconoce. 

Mi cariño a Gonzalo es grande, pero me sorprende que llegue, como siento ahora que llega, hasta a moverme a que le escriba, contra mi natural y mi costumbre, mis emociones personales”.

De Quesada fue albacea de Martí en cuanto a su obra literaria. A su muerte recopiló los trabajos escritos por él para varias revistas y periódicos dispersos en el continente. Además, escribió varias obras de contenido histórico-político entre las cuales destaca Páginas escogidas. Fallece en Alemania donde fungía como embajador. Sus restos regresan a Cuba en agosto de 1919.

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