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¿Qué sucedió en la Fernandina?

Artemisa, Cuba.- Con el nombre de Plan de la Fernandina se conoce un intento entrada a la isla de Cuba con recursos para continuar la guerra organizada por José Martí. Los planes del apóstol fracasaron. Sin embargo algunos desconocen los detalles de aquel desastre ocurrido el 8 de enero de 1895.

La idea concebía la salida del puerto de La Fernandina de tres embarcaciones: el Amadis hacia Las Villas con su carga de armas  disimuladas en varios alijos, y con los Mayores Generales Serafín Sánchez y Carlos Roloff; el Lagonda con los Mayores Generales Antonio y José Maceo y Flor Crombet, para desembarcar por el Oriente de la Isla. Y el Baracoa con el apóstol y el Generalísimo Máximo Gómez, desde República Dominicana para llevarnos a Camagüey.

La expedición de los tres navíos saldría desde el puerto de La Fernandina, en los Estados Unidos. Se trataba de una travesía con la finalidad de lograr un alzamiento en todo el país.  

Los buques fueron abordados por las autoridades norteamericanas en el puerto de La Fernandina. Se  confiscaron las embarcaciones y se incautaron las armas. Se trataba de más de tres años de trabajo silencioso y 58 000 dólares recaudados centavo a centavo, fruto del esfuerzo de los tabaqueros cubanos radicados en Tampa y Cayo Hueso, todos muy pobres y  muy patriotas.

Martí, primero se encolerizó, pero le llegó la calma. Los alijos de armas se habían perdido, las embarcaciones ya no podían ser utilizadas para aquellos fines, pero los hombres, los generales y sus patriotas acompañantes estaban a salvo y listos para partir. Bien oculto de los detectives de la agencia Pinckerton, y de los espías españoles, que lo buscaban, se mantenía preparando las nuevas opciones de lucha.

El desastre de la Fernandina no detuvo al delegado.  Les dijo a los jefes que partieran por sus propios medios hacia los destinos asignados. Con pocas armas, pero irían a iniciar la guerra. Máximo Gómez  en persona dijo que  el resto de las armas se las ocuparían al enemigo, pero había que acudir de todos modos a la cita de honor en la Isla.

Cuarenta y seis días después del desastre de La Fernandina, la insurrección estalló en Cuba, el 24 de febrero de 1895, respondiendo a la orden de Martí.  Pocos días después llegaban todos los jefes previstos, tras recorrer odiseas individuales realmente valerosas. Por esos días el apóstol escribió:

“Conozco con qué bravura y resurrección responde al quebranto pasajero el invencible corazón cubano”.

Se supo que una indiscreción fue lo que hizo llamar la atención sobre los barcos del Plan de la Fernandina.  Fueron incautadas las armas para cuatrocientos hombres y abundantes pertrechos. Había trescientos rifles Winchester, trescientos de repetición Remington, cien revólveres Colt, municiones, varios cientos de machetes Collin, cantinas, cinturones, mochilas, hules, frazadas y gorras.

Martí, Collazo y Mayía Rodríguez acordaron mantener la decisión de dar inicio a la guerra. Martí envió un mensaje secreto a Juan Gualberto Gómez, diciéndole que no subordinara el alzamiento general a la llegada de las expediciones, y que occidente no debía moverse, si no lo hacían Las Villas y Oriente.

Las tres embarcaciones no pudieron llegar a la isla con el armamento, ni los generales pudieron encontrarse con los patriotas que los esperaban en  Las Villas, Camagüey y  Oriente. El Plan de la Fernandina fracasó.

Pero este duro golpe no pudo evitar el estallido revolucionario del 24 de febrero, poco más de un mes después, con levantamientos simultáneos en más de treinta y cinco localidades del país.

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