
El Primer Partido Marxista, desde sus inicios, mantiene como principal misión la defensa de los derechos de los obreros y campesinos, la cohesión de los sindicatos, la reivindicación de los derechos y oportunidades de la mujer y la juventud. Tras el triunfo de la Revolución y la unidad lograda entre los sectores y organizaciones políticas en Cuba, justo en la celebración del aniversario 90 de la fundación del Primer Partido Marxista Leninista de Cuba, la organización partidista sigue a la vanguardia de la sociedad.
La fundación del Primer Partido Marxista Leninista de Cuba fue uno de los momentos más importantes de la historia política cubana. Se producía así la unión de dos generaciones de revolucionarios: la de Mella, representante del estudiantado y de los sectores más progresistas de la juventud y la de Baliño, representantes de los viejos luchadores de la causa obrera e independentista. Baliño había participado en la fundación del Partido Revolucionario Cubano, por José Martí.
El Partido Comunista de 1925 resultó de la unión de varias agrupaciones de tendencias marxistas existentes en todo el país; la sociedad toda se proyecta para la celebración en abril del 2016 del VII Congreso del PCC.
Nuestros principios, concepciones y objetivos para consolidar y fortalecer el socialismo, a los cuales no renunciamos dan fe de la continuidad histórica y el apego a los ideales de Carlos Baliño, Julio Antonio Mella, Blas Roca Calderío, Juan Marinello, Carlos Rafael Rodríguez sin dejar de atemperar a la organización a las exigencias de la sociedad actual.
Contar con esa organización nos permite el trabajo cohesionado en apoyo a la Revolución, ingrediente en la actividad política con las masas; resulta un eslabón imprescindible además, en el apoyo al desarrollo del nuevo modelo económico y social del país que ratifica el carácter socialista de la revolución.
Nuestro partido demuestra el papel de la izquierda en el mundo, está junto al pueblo, a favor de las masas humildes, por los pobres y la gente necesitada, en respuesta al dominio absoluto del capitalismo sobre nuestras naciones; es determinante el ejemplo que brinda a los pueblos y los convoca a que se unan para cambiar el destino histórico de la América Latina, para que no permanezca subyugada al capitalismo y al sistema imperial, ofrece la posibilidad real de lograr el futuro verdadero que debe prevalecer a partir de la integración latinoamericana.