Sería Saturnino Lora, al vociferar en medio de la población el reinicio de la lucha por la independencia, quien daría pie al conocido Grito de Baire, que genéricamente marca la arrancada de la Revolución de 1895. Ese día, sacó el revólver y disparó seis tiros al aire en la plaza del poblado, proclamando así su rebeldía.
Aunque docentes e historiadores han demostrado hasta la saciedad que el 24 de febrero de 1895 se desarrolló un levantamiento simultáneo en el país, muchos siguen centrando en Baire el inicio de la Guerra Necesaria.
En la concepción integral del plan de alzamiento, José Martí, máximo organizador de la contienda, planteaba la necesidad de una conjugación entre los factores internos (levantamientos en las distintas regiones) y externos (expediciones a Cuba con los principales jefes militares), para obligar a los españoles a combatir en un amplio teatro de operaciones.
Sin embargo, muy diferente aconteció ese día. Primero, la indiscreción de un veterano de la Guerra del 68 en un espacio público de la Florida, puso a las autoridades norteamericanas al tanto del plan. Al enterarse del contenido de las embarcaciones, incautaron los tres barcos y el armamento.
Luego, una vez acordada la fecha definitiva del levantamiento, era vital la simultaneidad de las acciones en las distintas zonas, ante la ausencia de las expediciones; y no se logró del todo.
Según varias fuentes, unas 35 localidades de distintas provincias se alzaron en armas ese día. Amén de las particularidades en cada uno de los territorios, ciertamente el 24 de febrero fue una realidad palpable gracias a la masiva incorporación de los hijos de la región oriental. Solo allí, sobre todo en su parte sur, pudieron consolidarse los focos guerrilleros.
Más de tres años de penurias sufrieron los cubanos en esta nueva rebelión. Miles abandonaron su casa y familia para incorporarse a la manigua, a pelear por la independencia.
el artemiseño