Restaurante Ojo de Agua: uno de los lugares más frecuentados de Guanajay

Es, sin duda, uno de los lugares más frecuentados de Guanajay. No importa su ubicación, algo distante del centro urbano. Al restaurante Ojo del Agua llegan muchos comensales en busca del criollísimo y delicioso bistec de cerdo o de res, los mariscos y las ensaladas de gran exquisitez que allí ofrecen.

Pero el atractivo del sitio va más allá de la variedad de platos que lo distinguen. Cuenta con un parque infantil, una parrillada, un piano bar y un pequeño salón para la intimidad familiar o protocolo, todo rodeado por árboles.

Comida deliciosa y excelente lugar para descansar son dos de sus tres características más significativas. La tercera, y más importante, resulta de la combinación de  cordialidad, atención, carisma, disciplina y amor al centro de sus trabajadores. Ellos son, al decir de Esteban Pérez, el administrador, el alma del restaurante.

Una gran familia

La historia del Ojo de Agua inició con su apertura en 1988. Ania Vázquez tenía entonces 18 años, como reside cerca probó suerte como ayudante de cocina, aunque también aprendió muchos secretos  del arte culinario  gracias a las enseñanzas del cocinero Juan Argelio Díaz, refirió la también fundadora.  

Al comienzo era sólo el restaurante. Más adelante se añaden la parrillada, el parque infantil, el  piano bar y el protocolo. Los nuevos servicios requerían personal calificado y dispuesto. De esta manera creció la familia de trabajadores, como califica al colectivo Enrique Noa, asador parrillero.

Si no fuera por esa gran familia, el centro no ostentara  los resultados económicos de los cuales se enorgullece, aseguró el administrador, en tanto Yoandry Santiesteban, especialista principal de gastronomía en la UEB Comercio Gastronomía y Servicios de Guanajay, destacó que es uno de los que más aporta a la circulación mercantil de la UEB.

El Ojo de Agua no es solo el restaurante insignia de Guanajay. Sus trabajadores acuden a cuantas  solicitudes reciben,  de ahí su presencia, siempre aclamada, en fiestas populares de otros municipios y en EXPOCUBA, por citar los ejemplos más conocidos. “No importa la frialdad de la noche al regreso desde un territorio. Complacer al cliente es lo principal”, resaltó Ania Vázquez.

El Ojo de Agua es, además, una gran escuela. Rosalina Pérez, dependiente gastronómica desde hace tres años, realizó aquí sus prácticas, como las hace hoy Yudán Jaime Oliva, en primer año de la misma especialidad.

Ojo con el Ojo de Agua

Este sitio ofrece una imagen preocupante. Su salón principal, en forma de gran caney coronado de guano, tiene capacidad para 120 personas. Sin embargo, el avanzado deterioro de la cubierta atenta contra el servicio de calidad que allí prodigan y cuando llueve resulta  un dilema la atención al público.

Cuenta Alexis Guzmán, dependiente de salón con 15 años en el centro, que entre 2007 y 2008 repararon la parte baja del techo, la parrillada y construyeron los baños del exterior. “Montamos una carpa para continuar ofreciendo servicios. Ah, nosotros asumimos la obra”.

Desde entonces el Ojo de Agua  no ha recibido ninguna reparación. Las causas pueden ser muchas, aunque resulta difícil justificar tal desatención. ¿Cómo es posible que este sitio, sede de múltiples actividades para lugareños y visitantes, no se contemple en planes de mantenimiento desde hace casi una década?
Pero existe otro problema a salvar. La unidad cumple con sistematicidad. No obstante, la aplicación de la Resolución 6, aún a nivel de UEB, no hace justicia a sus resultados económicos.

De acuerdo con Francisco Núñez, secretario del sindicato, todos los trabajadores están afiliados y ya cumplieron sus compromisos del año. “Conocemos diariamente los resultados de cada área, qué nos faltó y cómo solucionar las dificultades. Tenemos un administrador muy exigente, y muy humano, a él también debemos nuestro prestigio”.

Prestigioso. Así podemos llamar a Ojo de Agua. Aún cuando los problemas constructivos afectan su imagen, esta es engrandecida por la excelente gastronomía que exhibe. Va siendo hora que el municipio, y la provincia echen el ojo que este sitio necesita y merecen sus trabajadores.