Crecer entre cafetos

El servicio militar enseña, forma. ¿Cuántas veces escuchamos esa frase? Quienes transitamos esa etapa no olvidamos cómo aprendimos a disparar o lo que ganamos en disciplina e independencia. ¿Quién no recuerda la soledad de una guardia interminable o el fin de semana sin pase?

Ciertamente, el servicio militar deviene momento de prueba y aprendizaje. ¿Qué sabemos de la vida con 18 abriles? Sin embargo, tras dos años, antes tres, y hasta después de guerrear en un país vecino somos otros, en especial, si la responsabilidad trasciende el arte militar para convertirse en oficio de mucha utilidad en la vida civil.
Ubicado en la Sierra del Rosario, el Centro Agroforestal San Blas–Caoba, de la UEB Sierra del Rosario, perteneciente a la Empresa Agropecuaria Militar Pinar del Río, acoge a soldados que contribuyen al desarrollo cafetalero de la zona, a la producción de cultivos varios, frutales y carbón, aunque también aportan palmiche, madera rolliza para postes vivos y sostienen un organopónico.
Quien transite por la carretera que une Las Terrazas con Bahía Honda podrá observar a los soldados de San Blas machete en mano limpiando el café y, en época de cosecha, como ahora,  jolongo a la espalda retornando al campamento después de una dura jornada. No obstante, les vemos sonrientes. El trabajo les curte y energiza. Sin darse cuenta dejan de ser los niños de casa.

Sacrificio recompensado
La vida en San Blas resulta tranquila. La rutina no desespera pues se aprende a vivir en la serenidad típica del lomerío cubano. Así opinan los jóvenes Diosbel Oliva y Leonel Áreas, residentes en el municipio pinareños de San Juan y Martínez. “Nos sentimos  bien y sí, nos llevamos de maravilla”.
En este tipo de centro vinculado a la empresa agropecuaria militar, el soldado percibe un salario en correspondencia a su trabajo. Diosbel, Leonel y Jorge Carlos León, vecino de Bahía Honda, resaltan que ganan hasta 400 pesos, “quizás no sea mucho, pero ayudamos a la familia y tenemos dinero ganado con sudor”, sostuvo León.
De acuerdo con Javier López, primer teniente y jefe de compañía, tienen la posibilidad de desmovilizarse al año y seis meses si destacan por los resultados productivos y disciplina. “Recibimos jóvenes que viven con sus abuelos, madres o en  situaciones complejas por lo cual el servicio se convierte en suerte de ocupación que contribuye al sustento del hogar”.
Pero hay más premios para los destacados. Al decir de  Pedro García, director del Centro, cuando el soldado cumple del 101 al 110 por ciento tiene un día más de pase al cerrar el mes, de 101 a 120 dos días y de 120 en adelante tres. “Reciben, además, un modulo de alimentos mensual y ganan por la Resolución 6”.
Según García, el centro tiene un plan de 4,3 toneladas de café oro para la cosecha 2016-2017, al cierre de septiembre sobrecumple las producciones de viandas, hortalizas, frutales y la colecta de palmiche.  

Mejores seres humanos
San Blas, más que una unidad o campamento, semeja un preuniversitario en el campo. “El de pie es a las 6 am, 15 minutos después realizamos la inspección al dormitorio, desayunamos alrededor de las 6:30, formamos a las 7 y a las 7 y 30 salimos para el campo”, precisa el primer teniente López.
“El almuerzo y descanso tienen lugar entre las 12 y las 2pm, se trabaja hasta las cinco y luego hacemos un resumen de las producciones y el dinero que ganaron los muchachos. La comida es de siete a ocho de la noche y la recreación hasta las diez, todos los días. Se trabaja de lunes a sábado y el domingo hasta el mediodía”.             
Henry Valdés, técnico medio en veterinaria, todo un soldado veterano en el centro (18 meses) vive en la lejana Mantua. Henry, como todos,  extraña el hogar. Pero las excelentes condiciones del dormitorio (ventiladores de techo, televisor y DVD), las buenas relaciones entre compañeros y con los jefes, hacen su estancia más alegre.
Valdés aprendió de café aquí, ya domina la cosecha y su atención. Lo mismo ocurre con el resto de los soldados, quienes realizan las tardeas con calidad, reconoció  Ciro Hernández, jefe de producción. No obstante, Henry quiere seguir estudiando, al igual que Denis Puente, en primer año de la Facultad Obrero Campesina, ubicada en Quiñones, Bahía Honda.
José Martí acertó al definir el trabajo como fuente de fuentes, cincel, pincel y creador, amigo que une, avigora y cura. Y es que, quienes ingresan en el campamento de San Blas para cumplir su servicio militar  hallan en la faena diaria y  la vida en colectivo legítimos asideros para crecer como mejores seres humanos.