Desafío al esfuerzo en central Harlem de Artemisa

Crítico. Así podemos definir el estado de las áreas cañeras pertenecientes a la UEB de Atención a Productores Agropecuarios del Harlem. Para lograr las fotografías y conversar con los macheteros, desandamos a pie una tierra bastante húmeda. Había caña de dos jornadas en el suelo, y quedaba para la siguiente su traslado al central.

Según Ibrahim La O, administrador de la UBPC Corojal, la unidad presenta una situación difícil como consecuencia de las constantes precipitaciones. Solo habían cortado 8 224 toneladas, al tiempo que se perjudicó la roturación de tierras, el primero y el segundo cultivos.

Rolando Meisoso, quien acumula 40 años frente al pelotón de combinadas de la UBPC, advierte que los dos últimos años han sido los peores para la cosecha. “Revisamos las áreas todos los días y parece que acaba de escampar.”
La lluvia, tan necesaria para la vida, continúa como el mayor enemigo de los azucareros de Bahía Honda y sus vecinos de La Palma. Entre 263 y 265 milímetros cayeron en esos predios desde octubre de 2013, suficientes para retrasar los cortes, aunque no para amilanar al hombre.

Más allá de los números

La cosecha en el Harlem inició el 27 de enero. Debió ser antes, pero resultó imposible por la humedad de los campos. El compromiso: cortar 172 097 toneladas de caña con un rendimiento de 46,7 por hectárea. Hasta el 18 de marzo debía tributar 165 830 toneladas y aportó 45 513.

El atraso es evidente; la causa principal, la lluvia, sostiene José Sandino, director de la UEB. “El corte manual comienza temprano. Hemos entregado hasta mil toneladas, lo cual ha permitido suministrar caña al central. Lo contrario ocurre con el corte mecanizado, obligado a proceder más tarde por las afectaciones meteorológicas.”

El pasado miércoles visitamos la industria: estaba detenida por falta de caña. Más de 700 toneladas de la gramínea yacían sobre los campos. No obstante, buscaban los lugares idóneos para el corte mecanizado.  

Pese al mal tiempo, los azucareros aprovechan al máximo   las oportunidades. Al cierre de la decena del 10 de marzo, en las 470,5 hectáreas liberadas cosecharon 28 624,7 toneladas de 26 396 previstas. Sobresalen las UBPC Corojal,  Frías y Comandante Cruz, esta última en el municipio La Palma, Pinar del Río.

La UBPC Corojal destaca, además, por el rigor en el corte manual, el cual supera el 100 por ciento de cumplimiento, con una calidad superior a la anterior zafra, motivado en buena medida por el sistema de pago implementado, subrayó La O. Cada hombre corta casi tres toneladas diarias de la 1,5 prevista, precisó Juan Milián, jefe de brigada.

Tareas pendientes

Gilberto Ortega, chofer con 25 años de experiencia en el sector, indica que no cuentan con piezas de repuesto suficientes y los caminos están en muy mal estado.

Por esto último no han podido cortar en la CCS José Martí, agrega Sandino. “El mantenimiento de vías inició con la zafra. Dimos prioridad a los tramos principales, y algunos los hemos reparado varias veces por los temporales.”  

Las precipitaciones no solo impiden sistematizar la cosecha, también limitan el mantenimiento a los caminos, explicó Yoel Blanco, jefe de la brigada de camino #8, perteneciente a TRANSMEC, a cargo de la tarea.

“Trabajamos en base al patronato de la Empresa Azucarera, y no en los caminos interiores de las unidades, de ahí las principales insatisfacciones. La brigada dispone de una motoniveladora con mucho tiempo de explotación, tres camiones y una retroexcavadora; el material es muy bueno y lo extraemos de zonas cercanas.”

Opina que debe existir una estrategia de trabajo todo el año para cubrir estas necesidades. Sin embargo, las unidades productoras han de prestar atención al problema, buscar soluciones con sus recursos, y adelantarse a TRANSMEC. Un ejemplo lo encontramos en el uso de la motoniveladora de la CPA Camilo Cienfuegos.  

Por otra parte, Rogelio Sardiña y Heriberto Serrano, macheteros de la UBPC Corojal, señalan que está probada la mala calidad de los instrumentos para el corte manual; pueden cambiarse al cumplir la norma de consumo. Los jefes deben prever que este problema no afecte la motivación del obrero.  

Una revisión profunda de los campos en febrero permitió proponer un plan de entrega superior al previsto en 2 235,3 toneladas. Teniendo en cuenta la situación actual, sería una empresa titánica cumplirlo en el tiempo previsto. Y hacia este fin están abocados en el Harlem. “Si las condiciones mejoran, contamos con  fuerzas y medios para cumplir la tarea”, aseguró Sandino.  

Pero no basta el optimismo. Hay tareas pendientes, y no son responsabilidad del machetero, camionero u operador de combinadas y alzadoras. Producir azúcar constituye un proceso bien complejo, y cada actor determina en su dinamismo y eficiencia.